CHUCHI AGUIRREBENGOA

Noticia en la prensa de la boda de Chuchi, jueves 22-XI-1934

He hablado ya de mis amigas y de nuestros encuentros cotidianos en Gaviria.
Pero hoy quiero hablar de una muy especial: Chuchi.
Su nombre auténtico, al modo de la época: Jesusa Aguirrebengoa, Vda. de Jesús Belón. Su marido, militar, murió muy joven y ella vivió rodeada del cariño de hermanos y sobrinos.
Chuchi tenía una buena posición social, que supo administrar de forma que hoy diríamos “solidaria”. Para mí fue mucho más. Chuchi era una persona de gran corazón que detectaba cualquier necesidad para solucionar lo que estuviera en su mano. Así me lo demostró siempre.
Cuando murió mi hija Ana Mari, tuve muy cerca la fuerte amistad de Chuchi. Noté que sufría conmigo y como siempre, de forma muy inteligente y sin alardes me ayudó.
En aquel momento se puso de moda en San Sebastián un juego de cartas: el pinacle. A mí no me interesaba nada y menos en aquellos momentos. Pero entre mis amigas prendió la curiosidad y pasaban ratos muy entretenidos jugando en casas de unas y otras. Yo no acudía.
Chuchi me veía sola. La vida seguía… mi marido tenía su trabajo, mis hijas iban al colegio. Se le ocurrió decirme: “¿por qué no aprendes?, yo te enseño”. Yo me negaba, pero ella insistía y empecé a ceder, más por su amistad que por el juego en sí. No recordaba haber jugado a las cartas más que “a la mona” en tardes de lluvia de mi infancia.
Después de algunos entrenamientos, un día me dijo con tono muy alegre: “Hay un concurso de pinacle y me he apuntado contigo”. Me quedé sorprendida: “Pues debes estar dispuesta a perder…”, le dije.
Jugamos haciendo pareja y ¡¡ganamos el primer premio!! Tengo que confesar que me ilusionó muchísimo y aquel día me sentí feliz y esponjada.
¡Cuantas veces me he acordado de esta forma de hacer! Sin alardes, pero dando su tiempo, su interés, su compañía, ¡su gran corazón!. Mucho más eficaz que cualquier tratamiento médico, tal al uso al día de hoy.
Así era Chuchi. Ya he dicho que puedo contar muchas más cosas de ella. Hoy lo dejo aquí. Sólo quiero añadir un detalle: el premio fueron dos cotorras de porcelana: una para cada una. Eran los años cuarenta y no daba para darnos la pareja completa. Consuelo Jaurégui, otra buena amiga,  nos dijo que ella nos podía conseguir una a cada una. Estábamos tan ilusionadas que le dijimos que sí y honradamente se las pagamos. Las cotorritas de porcelana siguen en mi casa. Son objetos con corazón, con historia.

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2 comentarios en “CHUCHI AGUIRREBENGOA

  1. Sofia

    Vaya, llevo toda la vida viendo esas cotorras, primero en casa de Belela en San Sebastián y luego en Málaga, siempre me llamaron la atención por su colorido, pero no tenía ni idea de la historia que encerraban. Me ha gustado mucho conocerla. Gracias por contarnos estas historias y recordarnos a Belela. Un beso.

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  2. paloma mansfield

    Que magnifica amiga, Chuchi. Y que habil. Supo ayudarte sutilmente, sin alardes. Tantas veces los que nos quieren pueden atosigarnos con su solicitud y acaban por hacernos huidizos a su buena voluntad. Y que bonito que te acuerdes en agradecimiento.
    Las cotorritas, monisimas. A mi las cartas nunca me atraian pero el pinacle si me gustaba y mi inolvidable amiga Amparo y yo lo jugabamos muy a calladitas en lugar de dormir la siesta como estaba mandado en su casa de campo a esa hora calurosa, la hora de la cigarra.

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