ZORTZIKO VERDADERO: Maitetxu mía

Hay múltiples interpretaciones de este tradicional zortziko. Por lo visto el autor de la melodía es Francisco Alonso, andaluz afincado en Fuenterrabía y el poeta un madrileño Emilio González del Castillo. Está dedicado a los emigrantes que en aquellos años –finales del XIX y principios del XX- salían a tierras americanas “buscando hacer fortuna”.

Lo traigo al blog porque el argumento se hizo realidad en la vida de mi tío Vicente. Yo no la viví porque todavía no había nacido. Pero conservo en la memoria el relato de mi madre.

Era mayor que mi padre. Los dos juntos pelearon en las guerras Carlistas. Con la amargura de la derrota mi tío todavía muy joven se fue a América, mientras mi padre empezaba los estudios de Ingeniero de Montes, en El Escorial, donde conoció a mi madre.

Sin embargo mi tío nos se decidía a casarse. Atrapado por la aventura americana iba y volvía de América, donde efectivamente hizo fortuna en la ciudad de Buenos Aires.

Era ya mayor –rondaba los cuarenta- cuando en uno de sus regresos a Viana conoció a una jovencita –Leocadia Hernández- y se enamoró perdidamente. Entonces sí:  quería casarse con Leocadia. Como tenía que volver a América, propuso sus planes a la familia:

-Nos casamos, viajamos los dos a Buenos Aires, liquido todo lo que tengo allí y en dos años volvemos para vivir aquí.

La propuesta era buena. Se casaron y montaron una gran casa en Pamplona; estaban felices y enamoradísimos. Pero en ese breve tiempo Leocadia enfermó y los médicos desaconsejaron su viaje a América. Mi tío decidió ir y venir rápidamente a Buenos Aires para alguna gestión imprescindible. No contaban con un avance rápido de la enfermedad. No sé si mi tío Vicente llegó a tiempo para verla viva, pero Leocadia -su gran amor- murió jovencísima. La letra del zortzico se cumplió a la letra. Contaba mi madre que mi padre con mi tío Fernando –marido de mi tía María- fueron a Burdeos donde fondeaba el barco que traía a Vicente. Y, en medio del dolor, se dio la nota cómica. Mi madre y mi tía María esperaban la llegada nerviosísimas. Debían estar en casa de Leocadia.

-Ven, ven… Mira como llegan.

Los tres de negro. Mi tío Vicente hundido por su drama. Fernando cojo porque se había hecho un esguince y mi padre con la cara vendada por un enorme flemón. No podían contener la risa. Ellas también eran jóvenes.

Mi tío Vicente se quedó a vivir con mis padres. La gente especulaba sobre otra posible boda, le adjudicaban novias que él no quería, incluso una chica muy conocida de Santander.

La familia Lardizábal era amiga de la familia. Y en ella encontró Vicente a la mujer que le iba a dar una formidable familia: Ana María Lardizábal, siempre la llamamos Anita.

Mis tíos Vicente y Anita fueron mis padrinos. A ella le debo mi nombre. La quise muchísimo. Fue una auténtica hada madrina: su fantasía, sus regalos marcaron mi infancia. Ya he dicho en otros capítulos lo mucho que quise a mis primos.

Ella trajo a la familia su ideología nacionalista; nunca compartida por mis padres. Esto me da materia para otro capítulo, interesante y muy actual. Ya entrado el siglo XXI hace ver cómo derivó en una familia todo el drama del pueblo vasco.

Pero hoy me detengo en el zortziko. Es bonito volverlo a escuchar.

Maitetxu_Mia_

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2 comentarios en “ZORTZIKO VERDADERO: Maitetxu mía

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