Lágrimas por una guerra

Pío XII pidió a la Virgen la paz del mundo con esta imagen
Pío XII pidió a la Virgen la paz del mundo con esta imagen

Traté la guerra del 14 en la entrada anterior. Mi madre guardaba también recuerdos muy únicos de la Segunda Guerra Mundial.

          Guardo un recorte de prensa del Diario Vasco del Domingo 19 de septiembre de 2004 que evoca cómo se vivió en San Sebastián el día que estalló la Segunda Guerra Mundial. El autor es Mikel G. Gurpegui. Lo transcribo y añadiré algunos recuerdos de mi madre.

 LAS LÁGRIMAS DE UNA ALEMANA (por Mikel G. Gurpegui)

 ¿Cómo se viven estas fechas que luego pasarán a los libros de historia? Pues a veces sin aspavientos, apenas con pequeños sobresaltos, hasta con placidez: “Una imagen melancólica y borrosa como extraía de un film de Fellini. Un día con poca historia, casi como todos los demás…”

         Así evocaba el articulista Carlos Sentís la atmósfera vivida en San Sebastián el 1 de septiembre de 1939, o sea, el día en que las tropas nazis invadieron Polonia en lo que marcaría el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sentís se alojaba entonces en el Hotel María Cristina, al que regresó treinta años después para buscar sus recuerdos, que expresaría en un artículo del DV. “En aquel San Sebastián de los permisos de guerra, del Bar Basque, del Gaviria o del Café Madrid (…) se tomaba el café a pequeños sorbos, saboreándolo como la misma paz recién estrenada. Dado aquel ambiente, reposado y casi `sin historia´, es difícil para mí reconstruir por entero aquella decisiva jornada”.

         “Recuerdo, eso sí, que pasé parte de la mañana en la playa semidesértica de Ondarreta. Porque era entonces la playa del Cuerpo Diplomático. El impacto allí era más visible y no por ninguna presencia, sino por la ausencia de algunos habituales que la noticia llegada a primeras horas de la mañana comunicando la entrada al alba de las tropas germánicas en Polonia, había retenido en sus mesas de trabajo”.

         En todo caso, destacaba Carlos Sentís la falta de conciencia ni de los ciudadanos, ni de los políticos de que aquella invasión abriría la guerra de mayores proporciones de la historia. Como presentimiento del terror venidero, sólo guarda Sentís el rostro difuminado de una mujer rubia llorando en Ondarreta. “Y precisamente aquella misma mañana, de euforia alemana, de `Deustchland uber alles´, vio llorar, dismulándose tras un toldo, una rubia alemana. Es la única imagen clara y definida que conservo de aquel día.

 RECUERDOS DE ANA MARÍA GANUZA

             Un recuerdo muy concreto fue ver un desfile de tropas alemanas por calles de San Sebastián. No recuerdo la fecha. Acabábamos de vivir nuestra guerra civil y nadie quería saber más de guerras. No nos habíamos repuesto. Nadie. Ni vencedores ni vencidos. Franco y Hitler habían mantenido una entrevista en Hendaya y respiramos con alivio cuando comprobamos que España quedaba fuera de la confrontación mundial.

No esperábamos ver aquel desfile por nuestras propias calles. Yo estaba en la mercería Bidaurre, cerca de la joyería  Astráin,  Carmen Lanz, Mendivil… un espacio pacífico y muy conocido.. . En esto oímos una música militar. Todos salimos y nos quedamos horrorizados. Divisiones alemanas, por la Avenida, música y soldados con  gesto de triunfo y  paso militar nazi.

Recorrieron la Avenida, Easo, Urbieta…

Nos quedamos mirándonos horrorizados. No sé el motivo ni quién intervino, pero no volvieron a pasar. Fue como una amenaza y nos tocó verlo. Se hizo un silencio de verdadera angustia.

 Desde España no podíamos entrar en Francia, ocupada por alemanes. Mis primas que al terminar la guerra de España tuvieron que marchar a Francia andaban muy mal de alimentos.

Mi cuñada Ginette me propuso,  “si vamos a la frontera, ellas se pueden acercar y les podemos llevar algo”.  Acepté y  se me ocurrió que viniera a ayudarnos Matilde, una chica joven que trabajaba en mi casa.  Entre las tres llevamos lo que pudimos, también nosotros andábamos muy  escasos, en plena posguerra.  Matilde discutía con los alemanes  para que nos dejaran paso y la tuvimos que frenar porque aquello era peligroso.  En la frontera estaba mi prima Carmencho con uno de los Muñoa.  No era cuestión de dinero. Los alemanes se habían llevado todo y  no había alimentos; estaban muertos de hambre. Parece mentira que se haya podido vivir todo esto.

En la hemeroteca del ABC, esta crónica del 20-X-1940 puede ser la explicación del desfile que vio mi madre de las tropas alemanas por calles de San Sebastián. La población civil ignoraba la cercanía alemana.

ABC-20.10.1940-pagina 007

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