Amistad aprendida y vivida

Malencho y Ana Mari, primas y amigas. Foto Willy Koch

Aprendí de mi madre a tener amigas y a ser amiga.

En sus últimos años le pregunté un día cómo había conseguido ser tan amiga de sus amigas. Me dio su contestación, como siempre ágil y sincera: “siempre he sido la misma”. Decir eso a la altura de los 98 años supone mucho. Ella era la misma que en sus años infantiles y jóvenes, con el plus de la sabiduría de la vida.

Yo también he tenido grandes amigas. Hoy destaco a una porque encaja bien en memorias donostiarra: Beatriz Aguirre.

No puedo definir bien a Bea por su personalidad poliédrica. Muy inteligente, profunda, fino humor… Y un fondo de timidez, que provocaba en ella una actitud distante que no correspondía a la realidad.

Vivía en Madrid, pero se sentía donostiarra. Su amor a Donosti era manifiesto.

En San Sebastián encontró la amistad que ella misma daba: las risas, la conversación ingeniosa, el trato confiado, la broma divertida. El verano donostiarra rompía su timidez y ella aquella amistad natural y fluida no la cambiaba por nada. Se sintió apreciada por sí misma. No por la talla de su familia, que era cierta. Compartía con nuestro grupo infantil y después adolescente.

Bea, que era de palabras concisas , con sus amigas de San Sebastián expresaba mucho y conocimos su certera inteligencia, su humor que nos hacía reír. !Cuánto unen las risas compartidas!

Al cabo de bastantes años se le declaró la enfermedad. Una especie de esclerosis que le hizo perder facultades hasta su muerte, el 19 de abril de 1998. Nos vimos varias veces en viajes que hice a Madrid y comprobamos que en la cuarta o quinta década de la vida: “éramos las mismas”.

Pocos días antes de su muerte, quedamos en vernos; sentí no llegar a tiempo.

Conservo esa amistad como un feliz recuerdo de infancia donostiarra. No se deben perder nunca las amistades verdaderas que acompañan la vida. Las que han conocido a nuestros ausentes más queridos. Entre amigos se confía todo.

En aquellos días le dediqué unas estrofas, bien sentidas:

Yo fui para ti amistad ingenua

tú has llegado a ser amiga eterna,

que nunca dejará de estar,
pues sigues siendo
tiernamente concisa,

como siempre.

Como siempre, Beatriz, así apareces,
tu ausencia no borra tu recuerdo,
unida a tu memoria tan temprana,
mi vida adquiere el tono más sincero.

El mismo que alentaba en nuestra infancia
ilusiones y risas compartidas,
y saber que tú misma estás cercana,
comprendiendo las formas de mi vida.

Fuertemente amamos a una tierra,
admiramos su belleza incomparable,
compartimos el dolor de las ausencias
y expresamos un decir inagotable.

Nunca fue suficiente lo que hablamos,
pues quedaban mil recuerdos retenidos,
esperando salir más adelante,
sin pensar en el adiós ni el olvido.

Permanece en suspenso nuestro encuentro,

y yo velo tu sueño tan sereno,
con la fe de seguir más adelante,
¡nos espera compartir aún lo más bello!

Gracias, Beatriz
por haber sido
un tú tan pleno y verdadero.

Valladolid, 20-IV-98

(A Beatriz Aguirre que murió en Madrid el 19-IV-98)

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3 comentarios en “Amistad aprendida y vivida

  1. paloma mansfield

    Conmovedor tu articulo. Bien quisiera tener tu talento para articular mis sentimientos ante la march de tantas buenas amigas…..hago mio tu poema, se que tengo tu permiso….

    Me gusta

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