Efecto “Patria”

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Manifestación por las víctimas

Me refiero a la novela de Fernando Aramburu (Tusquest 2016).

Novela que, a pesar de encuadrar en el género ficción, relata una realidad todavía palpitante. Así fue, así lo vivimos. Gracias a Dios, “ya no lo es”, por lo menos igual. Pasaron aquellos años de hierro. Ahora vivimos otros, de distinto signo.

Precisamente porque “ya no lo es” se ha publicado y se le han otorgado premios desde distintas vertientes. Sobre todo, lo han premiado sus muchos lectores, también desde distintas ideologías.

Como el autor soy de San Sebastián. Lo digo porque da una óptica para ver y sentir. Lugares, calles, edificios de la ciudad aparecen en la novela y revives situaciones que son parte de la vida.

Novela bien escrita. Lenguaje escueto, al estilo vasco. La historia tiene distintos frentes y distintos tiempos: pasado -remoto y cercano- y actual. A modo de puzzle el lector reconstruye la historia. El escritor ha dado protagonismo al lector, que puede avanzar en la historia central o detenerse en las biografías personales de los distintos personajes. Ejerciendo mi protagonismo lector me he centrado en la historia troncal de las dos mujeres: Miren y Bittori.

Es una novela con escenario -país vasco-, décadas finales 60, 70, 80, 90… con personajes inmersos en lo que fue tragedia para todos, vivida de muy distinta manera. Balance de 40 años.

No se puede ignorar esta memoria en un blog con título “memoriasdonostiarras”. Aunque se quieran buscar paralelismos y coincidencias, la historia fue muy singular. Durante aproximadamente cuatro décadas el terrorismo se hizo dueño del país vasco. Un huracán que doblegó árboles familiares y desoló el bosque. Dividió entre “asesinos” y “víctimas” la convivencia entre unos y otros. El terrorismo asoló, envenenó, sembró odio y muerte. Utilizó el arma mortal del miedo.

Lo más perverso de ETA fue la elección de sus víctimas. Sólo alguna vez arrasó indiscriminadamente. Iba a por éste: con su nombre, su familia, su empresa, sus vecinos… El hombre o la mujer a quien conocían, al que debían favores, con quién habían jugado y convivido poco tiempo antes. Por eso el terrorismo de ETA tiene un acento peculiar que no tienen otros que, siendo odiosos, son otra cosa. Así lo presenta la novela. El Txato, fue víctima concreta, conocida por todos. Empresario con trabajadores a su cargo. Amigo de sus amigos. Esposo y padre.

El país vasco, en su conjunto, fue víctima de ETA: en sus gentes, en su paisaje, en sus calles… Aquí fue, en este lugar… atravesaba esta calle. Tenía tantos años, trabajaba en…, no quiso pagar… Quedan muchas heridas que curar; improntas imborrables.

Destrozó a la juventud, comprometida desde la primera adolescencia, y que no supo o no pudo escapar de la vorágine: “nos robaron a él la vida, a mí la juventud”, dice uno de ellos, al enterarse del suicidio de un amigo. “Odiar es lo último que yo quisiera en la vida”, el que lo afirma habla de verdad.

ETA tiene nombre de mujer, ¿casualidad?, no lo sé. La mayoría de asesinos son hombres. Pero la mujer mantiene e inculca un odio mortal. Cultiva sentimientos atávicos, que le impiden reconocer la verdad objetiva del hombre/asesino. Sobre todo si se trata de un hijo. En la novela la mujer envenenada es Miren. Frente a ella Bittori, amiga y vecina repudiada por todos. Su culpa: haber entrado en la categoría de “víctima”. Las víctimas tienen que sufrir lejos; molesta su cercanía. Con su presencia impiden la normalidad de la vida y quien las trata se implica porque entra en la devoradora ola de ETA.

ETA mata y siembra también dolor y enfermedad, ¿es ella quién la provoca?: una mujer joven sufre un ictus; Bittori termina con cáncer. Todos con la vida familiar rota. Un lenguaje duro y desafiante que no llega a diálogo. Muchas palabras de maldición. Eta está plasmada en las vidas. La fe cristiana deja de serlo porque no existe la caridad.

Eta provoca la realidad de hombres y mujeres en cárceles que alimentan odio.

Junto al huracán, en la novela, se abre paso una brisa suave que, sin prevalecer, se mantiene y dará paso a la esperanza. Rescoldos de amor fraterno; los hijos de Bittori sienten piedad por la madre; una amistad valiente que no olvida. Es lo que ha nacido en el manantial de la infancia, en aquella vida que fue de otra manera y se hace presente.

Bittori y Miren llegan a darse un breve e impensado abrazo, cuando se ven de frente. Ni ellas mismas saben que el dolor -de distinto signo- origina también compasión. En ese momento comprenden. Las dos son esposas y madres.

Ojalá ese sentimiento perdure y el huracán haya pasado; ojalá niños y jóvenes, crezcan con mirada limpia y, libres de homicidios y suicidios, amen ante todo la vida. Ojalá este libro sirva para memoria de lo que no debe volver a pasar.

El toldo de la playa

TOLDOS¿Cómo no recordarlos en pleno mes de julio?. Los toldos de la playa eran -siguen siendo- punto de encuentro. Nosotros lo compartíamos con los primos. En la playa de Ondarreta, el toldo número 13 de la segunda fila. Cada año había que renovar el contrato. Recuerdo a mi madre hablando por teléfono con una de mis tías:

-Ha llegado el recibo del toldo. Te interesará como todos los años. Por supuesto que interesaba. Esto podía ser en primavera. Y los primeros días de verano allí nos encontrábamos.

El toldo era tu parcela de playa: dejabas la ropa. Los niños todo su equipo de cubo, pala, moldes… Un poco más mayores las niñas jugábamos “al clavo”.(consistía en clavar un clavo en la arena haciendo pequeñas acrobacias con los dedos) Ya adolescentes paseos para encontrarnos unos y otros. Allí se hacían los planes para la tarde. Tardes de verano que son otro capítulo lleno de maravilla. Cuántos paisajes recorridos, cuánta amistad compartida.

Los vecinos de toldo eran los mismos, año tras año; unas cuantas amigas de mi madre, en fila cercana, adquirían un magnífico moreno. En esto mi madre no se unía a ellas; bajaba a la playa muy de vez en cuando. Todo el mundo utilizaba la crema Nivea de caja azul. No sé si había otra. Por supuesto el término “protección solar” no existía.

En el toldo de la playa es donde más traté a mis primos Ganuza. Mercedes, a la que he dedicado una entrada en el blog. Y Javier y José Luis Ganuza Cortina, algo más pequeños que nosotras. Recuerdo la insistencia victoriosa de Javier por conseguir el paquete de patatas fritas. ¡Lo conseguía! Venían envueltas en un inconfundible papel amarillo. Muy crujientes. Entonces era producto de playa y tenía un particular sabor y encanto.

Las olas se rompían en nuestros pequeños cuerpos y rodábamos como croquetas. En pleno verano el Cantábrico comprendía a los niños.

Acertó Yoldi poniendo su gabarrón con clases de natación. Un poco adentrado en el mar. Un motorcillo llevaba y traía al personal.

De vez en cuando un susurro recorría la playa, un vientecillo que tomaba fuerza: “¡galerna, galerna!” Todos a una corriendo. Efectivamente la arena azotaba con furia y había que protegerse. Se acababa la mañana de playa.

Recuerdos donostiarras. En junio he tenido oportunidad de estar un día con mis primos Ganuzas: la casa de Mercedes en Erreguenea. Allí me he encontrado con Rafa, su marido y  su hijo Miguel, casado con Milena, simpática y guapa brasileira. Comida contemplando el mar, y hablando, hablando… recuerdos familiares y proyectos de futuro. Nos faltaba Irene que vive en Londres.

La tarde con los dos Ganuza Cortina: Javier se estrena de abuelo y conocí a un Gonzalo lleno de encanto, en brazos de sus padres María y Roberto. José Luis y su mujer Isabel me enseñan las fotos de sus doce hijos. Bonita decoración del pasillo. Abundan los niños, hasta treinta y un nietos. Dos hijos, jovencísimos sacerdotes. Me invitan a una entrañable merienda/cena y también hablamos y hablamos. Nos interesa todo de todos.

¡Qué bueno es que la familia se prolongue y el árbol se llene de ramas y ramas. Hermanos, primos, tíos sobrinos, nietos… ¡Maravillosa extensión!

Los toldos de la playa siguen brindando su sombra protectora.

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Toldos actuales sin abrir, en La Concha (Diario Vasco)

Peinados infantiles

retrato-myriam-nic2a6a1-e1498473945334Clásicos retratos de la época; esta vez no fue Willy Koch; no recuerdo ni el fotógrafo ni el momento. Tal vez alguna de mis hermanas pueda añadir algún dato que será bienvenido. Estamos las tres muy repeinadas. Pilarín con su inconfundible flequillo. Yo con los tirabuzones trabajados por el ama Áurea y Myriam con profunda mirada ya preadolescente. En esta sesión de fotos no estuvo mi hermana Malén, se le debió considerar ya mayor.
Se nota la mano materna en la joyita que nos puso a cada una. Siempre se reservaba ella ese toque final.
Peinar a las niñas era un todo un rito, para nosotras bastante insufrible, pero luego nos gustaba vernos compuestas con nuestros rizos.
Los hermanos -en cada familia- se unen en estos recuerdos que  gusta compartir; forman parte de la identidad familiar, de la familia de origen en la nos hicimos personas. ¡Qué importantes son los hermanos!. A pesar de las distancias y diferencias se cuenta con ellos a lo largo de la vida y hay que saber mantener el trato con cada uno y  el rescoldo familiar.

Aquí va una canción popular sobre peinados infantiles:

 

Mi Segunda Comunión

M4LQBZJHice la Primera Comunión un 6 de mayo en el Colegio del Sagrado Corazón (Miraconcha). Era el día de la Ascensión y fue muy feliz.

Pero guardo otro imborrable recuerdo que he conservado toda la vida. Al día siguiente  mi madre me dijo que iba a ir a comulgar con ella.

Me llevó a Misa y me hizo una ilusión enorme acercarme por primera vez a comulgar con todo el mundo. Nadie me miraba como el día anterior; estrenaba lo que ya iba a ser para siempre.

Cuando volvimos al banco mi madre me empezó a decir bajito la oración de Acción de gracias que venía en los Misales con el título “Aspiraciones de San Ignacio”; luego me he enterado de que el autor no fue el Santo, pero que las recoge en su libro “Ejercicios espirituales” porque le gustaban. Son verdaderamente bonitas y ahora se cantan.

Animo a las madres a llevar a sus hijos “a la segunda Comunión”. Lo verdaderamente importante es, no sólo comenzar, sino seguir para siempre. Frecuentábamos la Iglesia de los Capuchinos de Oquendo, por eso para mí es un recuerdo muy donostiarra.

He encontrado dos enlaces de la oración cantada en castellano y en latín.

La canción más bonita del mundo

Las dos entradas anteriores han sido verdaderamente tristes, y más porque son reales. Esta de hoy va a ser verdaderamente alegre porque también la alegría  es real. ¡Fuerza de la autenticidad!

Vamos a oír las voces de un grupo joven donostiarra, que construye memoria de futuro. Cantan “La Playa”, por eso aparece la foto de La Concha, playa que les vio nacer.

La playa, ese horizonte inmenso, regalo de Dios porque ni mente ni mano humana saben construirlo. Pero sí podemos aspirar a “escribir la canción más bonita del mundo” para regalo de quien amamos en la vida  y  “capturar nuestra historia tan solo un segundo” porque los días son cortos para contemplar tanta  belleza que nos rodea.

 

Se equivocó la paloma

Si hubieras llegado antes!

Hoy 8 de abril, es el día en que ETA  hace el gesto de conciliación y deseamos que sea verdad. La historia hablará.

La paloma de la paz de Picaso y la poesía de Alberti evocan lo que tenía que haber ocurrido antes y mejor. Sin  tan gran reguero de sangre. Yo deseaba que mi madre, antes de morir, hubiera vivido el fin de ETA porque lo deseó ardientemente. Mucha gente del país vasco ha sido gestora de paz, y por ellos vuela la paloma,  un tanto aturdida por su retraso, por su equivocación.

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur
creyó que el trigo era agua,
se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo
que la noche, la mañana,
se equivocaba,
se equivocaba.

Que las estrellas, rocío
que la calor, la nevada,
se equivocaba,
se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa
que tu corazón, su casa,
se equivocaba,
se equivocaba.

Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama

Si hubieras llegado antes, vivirían todos estos niños que estuvieron muy poco tiempo entre nosotros. Creo en su feliz vida eterna, porque ellos son inocentes.

http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-10-29/ninos-asesinados-por-eta-1276439799/

Repito lo que escribí en otra página al dictado de la Sagrada Escritura: “No quiero la muerte del malvado, -dice el Señor-sino que cambie de conducta y viva”. (Ez 33,11). No basta entregar armas, sino cambiar el corazón, liberarlo de odios ancestrales. Educar en el aprecio a la vida de todos. Una gran tarea de regeneración.

Sólo queda oír la canción de Serrat:

Negra memoria

 

Foto de Willy Uribe, lugar donde ETA mató

Eta anuncia su despedida para el 8 de abril. Sorprendente que ellos mismos pongan fecha y lugar; Francia.

No es noticia para echar campanas al vuelo. Eta se retira con todo su mal hecho, prolongado en tiempo y espacio. Han sido muchos años y muchos escenarios de muerte.

Eta tiene el triste haber de cada muerte, de cada extorsión de una forma u otra. Y ha destrozado el país vasco. Eta ha sembrado una triste y negra memoria. No hacen falta estadísticas porque son frías. Basta la punzada de cada una de las muertes. Memoria imborrable de una página indeseable -en el justo sentido de la palabra- no solo para el país vasco, sino para la humanidad porque la existencia de Eta ha sido perversa.

Con su estilo sombrío -es autor de novela negra- Willy Uribe ha creado un blog con fotos recogidas en los lugares donde ETA mató, en el mismo día y hora del aniversario de la muerte.

https://allidonde.wordpress.com/

No comparto todas sus ideas, pero ha realizado un gran trabajo para que la realidad de los  hechos llegue a los más jóvenes.  El verdadero fin de ETA está en las palabras cristianas de la Sagrada Escritura: “No quiero la muerte del malvado, -dice el Señor- sino que cambie de conducta y viva.”  Hace falta un cambio radical, gentes libres de toda culpa, gestores de paz.