Talgo: ayer y hoy

Talgo 1950
Talgo 1950

“Renfe ha adjudicado a Talgo el contrato de suministro y posterior mantenimiento de su nueva generación de trenes AVE. Se trata de la mayor compra de material rodante de la historia de Renfe. La primera fase de la operación incluye la compra de 15 trenes Avril y su mantenimiento durante 30 años por 786 millones de euros. El importe total del contrato, en caso de que la operadora dé luz verde a los pedidos adicionales y extienda el periodo de mantenimiento, se elevará a 1.400 millones”

Noticia, recién salida del horno, en estos días de noviembre de 2016. Positiva porque se trata de una Empresa nacida y enraizada  en España y con alta participación y renombre internacional. Buena noticia también por lo que supone de creación de puestos de trabajo.

         El Talgo me ha traído recuerdos muy ligados a mis memorias donostiarras de los años cincuenta.

Como una cantinela lo repetía en mi primera infancia: “Tren articulado, ligero, Goicochea-Oriol”.  Así aprendí lo que son las siglas. Ésta es muy inteligente porque une las características técnicas y los nombres de los artífices: El Ingeniero vizcaíno Alejandro Goicochea y el Arquitecto y empresario José Luis Oriol, natural de Bilbao.

El técnico vasco fundamenta su proyecto al ver cómo se recogen los triciclos en un parque. En lugar de retirarlos uno a uno, el encargado de la atracción empuja varios, uno detrás de otro, formando una estructura compacta y a la vez articulada, que siguen de manera exacta la trayectoria del primer vehículo. Y en esa idea basa su proyecto para el ferrocarril. El ensayo general se hizo el 21 de agosto de 1941 cubriendo  el trayecto Madrid-Leganés a 75 Km. hora.  Es el primer triunfo reconocido de Goicochea. El tren articulado tiene la ventaja de ser ligero. Hasta entonces se creía que la seguridad del ferrocarril estaba en el peso. Aquel ingenioso trabajador del parque infantil fue precursor del Talgo, sin saberlo.

Guardo un recuerdo personal. Mi tío Miguel Ganuza era amigo de Oriol y fue invitado, con su mujer, Luisa Semprún, al primer trayecto comercial que el Talgo hizo cubriendo el recorrido Madrid-Hendaya, el 14 de julio de 1950.

         Para toda la familia fue expectación la llegada. No fuimos a la estación, tal vez porque el recibimiento estaba reservado a autoridades. No lo sé. Pero recuerdo perfectamente a mi tío Miguel, que ejercía una indudable autoridad en la familia por ser el hermano mayor de mi madre, explicando: “Hemos venido muy bien…” y una serie de descripciones más o menos técnicas y paisajísticas.

         Los mirábamos con admiración. Mi tía Luisa, elegante y entrañable vallisoletana, asentía a las explicaciones de su marido añadiendo alguna aguda observación femenina.

         El tren era propiedad de la Empresa Patentes Talgo -creada en 1942 y que mantiene el nombre en la actualidad- y su principal cliente fue Renfe. Tuvo el mérito de ser costeada con capital privado. Nadie quiso aceptar el desafío valiente de un joven ingeniero español, que necesitó la mente emprendedora de Oriol.  Posteriormente salió a Bolsa y entre los accionistas se mantiene la familia Oriol.

Una tradición que se conservó hasta el año 2006 es que las locomotoras llevaban el nombre de una advocación a la Virgen. Se debía a la devoción mariana de D. José Oriol. Recuerdo la llegada de los trenes a la estación con su sobrecogedor estruendo y que en la espera  apostábamos por el nombre de la locomotora: Virgen del Pilar, Virgen de Begoña, de Aránzazu… Correspondían a Patronas de las ciudades del recorrido.

         Los primeros trenes, a pesar de tener patente española, se construyeron en Estados Unidos por la falta de medios en empresas españolas. Cuando hubo que traer el tren a España los costes de los seguros eran tan inalcanzables que decidieron no hacer ese gasto y confiarlos a la protección de la Virgen. Llegaron perfectamente.

         La inauguración del Talgo la hizo Franco -el Generalísimo o Caudillo, como se decía entonces- en un trayecto Madrid-Valladolid el día 2 de marzo de 1950. Viaje simbólico sin arriesgar mucho en la distancia.

El Talgo entró en mi vida y nunca ha salido. Conservo un recuerdo agradecido del Talgo 200 que tantas veces me ha llevado de Madrid a Málaga a acompañar la ancianidad de mi madre. Por los plazos que se dan a los nuevos proyectos soy consciente de que me acompañará  hasta el final ¡gracias Talgo!

La magia de la radio

 

Regalo de boda de mi hermano Antonio. Radio con tocadiscos realizado en los años 30
Regalo de boda de mi hermano Antonio. Radio con tocadiscos realizado en los años 30

Hablar de la radio da para dos entradas, una con relatos de mi madre y otra con mis recuerdos.

         Fue el gran medio de comunicación del siglo XX.

         Empiezo con lo que oí a mi madre.

          “Al inicio de la década de los 20,  se empezó hablar de que en América había aparatos que reproducían música y voz, por medio de electricidad,  con unas lámparas que recibían el sonido y lo transmitían. Era el principio de la radio.

         Se hablaba de ella en categoría de lámparas:  “es de 4 lámparas, de 6 lámparas”. Los aparatos  eran grandes.

         La gente empezó a construirlas en tamaño reducido con cajas de puros y les ponían una piedrecita -galena- con una agujita. Cuando en San Sebastián hubo emisora, con aquello conseguíamos oír. “EAJ8  Radio San Sebastián” empezó a emitir en 1925.  La ciudad fue bastante adelantada, ocupó el número ocho entre todas las de España.

Tocadiscos
Tocadiscos

         La antena estaba  en el Monte Igueldo. Nos creíamos que trabajaban allí, pero transmitían desde la Avenida. Todo resultaba absolutamente novedoso.

         Nos daba mucha risa. En aquella época no existían buzones para las cartas y los carteros hacían el reparto en en cada portal. Empezaron  a llevar su aparato casero que les acompañaba en el trabajo. Las chicas  cuando bajaban por las cartas pedían: “¡Ay. déjame la galena!”  y todas en corro escuchaban. Me acuerdo que cantaba un tal Ramalle intérprete sobre todo de zarzuela. Recuerdo también una canción sudamericana sobre el caballo bayoSe escuchaba con frecuencia por la radio y la cantaba todo el mundo…  hasta se oía por la calle.

Marca Gaaris- Ganuza-Arismendi. Made in Donosti
Marca Gaaris- Ganuza-Arismendi. Made in Donosti

Mi hermano Antonio empezó a trabajar en ello y como era muy ingenioso  montaba aparatos trayendo piezas de Burdeos; incluso, con un amigo suyo  formó una sociedad que se llamaba GAARIS, marca compuesta con sus apellidos Ganuza -Arismendi). Llegaron a hacer modelos muy valiosos.

         Yo conservo  un aparato magnífico de consola,  con tocadiscos. Fue su regalo de boda y está actualmente en mi casa. Es una pieza de museo, modelo único de la marca GAARIS, nacida en San Sebastián a comienzos de los años treinta.

         Por aquella época nos gustaba mucho oír a las locutoras italianas porque tenían voces musicales  preciosas; recuerdo que escuchábamos la emisora de Milán porque las frecuencias llegaban lejos.

         La radio ha formado parte de mi vida. Por ella nos llegaban las noticias mundiales y2014-08-23 17.09.09 locales. Ya no hacía falta  el  “telegrama del Novedades” del que he hablado anteriormente. Era también medio de entretenimiento, de compañía… Daba que hablar porque todos escuchábamos más o menos los mismos programas y comentábamos las noticias. Con la guerra llegó lo que se llamó “el parte”, que ha derivado en los actuales informativos y en el telediario.

         La radio mantiene su encanto, por la proximidad de la voz, por su forma directa de llegar, por la primacía de la noticia, por la vivacidad de los comentarios, tanto de los profesionales como de los radioescuchas… A estas alturas de mi vida, aunque me entretiene la televisión, no sustituyo la magia de la radio.

Mueble cerrado
Mueble cerrado

Pequeño comercio

El nuevo libros sobre pastelerías
El nuevo libros sobre pastelerías

La publicación virtual tiene el aliciente de convertirse en real. Hace unos días recibí un correo electrónico de Juan José Fernández y Lola Horcajo. Junto con Carlos Blasco son autores de publicaciones sobre la pequeña historia de los comercios donostiarras. Temática que, de manera tangencial, incide en Memorias Donostiarras. Al hilo de los recuerdos han ido apareciendo escenarios del pequeño comercio de la primera mitad del siglo XX.

         Por nombrar algunos, en este blog han salido la pastelería Mallorquina, situada en el mismo portal donde nació mi madre –Camino 7-  y que tuvo el bonito detalle de regalar la tarta del día del bautizo.

         Sale también el comercio fotográfico de Willy Koch. La librería Baroja, la emblemática Cafetería Gaviria, Vidaurre, cercana a la Joyería Casa Astraín…

         La vida de una ciudad está unida a los comercios que alegran las calles, ¿quién no recuerda el negrito de la Casa del Café?, felizmente trasladado de la calle Garibay a la calle Churruca. ¿O no se ha comprado  unos zapatos de lluvia o de colegio en Muro? Las gabardinas del Búfalo, que tuvo uno de los primeros anuncios luminosos. Habría que nombrar muchísimos comercios que irán saliendo  en otras entradas.

         Ya he hablado por teléfono con mis nuevos amigos y os dejo con su página web, donde lo cuentan muy bien y nos muestran un extenso elenco de comercios:

 www.comerciosdonostiarras.com

  Aunque lo verdaderamente interesante será gozar con los libros que van publicando.

          En todas las ciudades de España con el paso de los años se van cerrando estos comercios tan unidos a la vida de la ciudad. Como consecuencia de la crisis actual el fenómeno se va extendiendo y en algunos escaparates he leído un mensaje muy certero:

 “Sin el pequeño comercio la ciudad se apaga”.

 Es cierto. Las grandes superficies y almacenes juegan un papel importante, pero lo que da luz e incide en la vida es el trato deferente comerciante/cliente: El que envuelve el paquete para regalo. El que aconseja la compra adecuada. El que “pierde tiempo” con nuestra indecisión y nos convence con honradez y talento.   Y, sobre todo, los escaparates con luminosidad y buen gusto. Ese buen gusto ha definido siempre al comercio donostiarra.

El Titánic de mi infancia

La tragedia del Titánic la vivió el mundo entero. Yo tuve mi propio Titánic, una tragedia que marcó mi infancia y de la que se ha hablado poco. El hundimiento del navío español “Príncipe de Asturias”

         En esos años yo escribía un diario en un cuaderno que se ha conservado y dejé constancia tal como lo viví en el momento. Una crónica infantil que ahora tiene el valor del tiempo.

 10 DE OCTUBRE 1917

         “Ayer mi prima Malencho entró en el colegio. Todos los amigos que tengo más íntimos se van.

         Antes yo tenía, -hará unos años-, unos amigos, el mayor tenía 7 años se llamaba Manolo. Eran 4 y vivían en el 2º piso de casa. A los 2 años de haberlos conocido se fueron a América, los niños se llamaban Manuel, Mª Luisa, Asun y Carmenchu. Yo los quería muchísimo. Muchos días ellos subían a casa a las 8 de la mañana y se estaban hasta las 9 de la noche. Pues bueno se fueron a América hace dos años, el barco se hundió y ya no ha habido más noticias de ellos. Yo siempre tengo la esperanza de que alguno se haya salvado.

Era el 6 de marzo de 1915, martes de carnaval (pongo estos detalles para acordarme siempre). Iba yo a Misa y me dice el portero: se ha hundido un barco creo que es en el que iban los Aguirre…

(mañana seguiré)

11 DE OCTUBRE 1917

         Yo no lo creí, pero cuando subí a casa lo dije. Miré en el periódico y ponía que el barco Princesa de Asturias se había hundido y yo sabía que ellos iban en el  Príncipe de Asturias. Papá dijo “es imposible que el barco Princesa y Príncipe saliesen el mismo día y parasen en los mismos sitios”. Miró en otro periódico,  a última hora,  y vio que era El Príncipe de Asturias.

Poco tiempo después vino en el Correo Español que se habían salvado junto con los señores Jaúregui Alzo que eran también de aquí, pero no era verdad.

Entonces todos los amigos -Pintado, Azcona y otros- organizamos  una Misa de Gloria a la que asistieron todos o casi todos los niños de San Sebastián”.

          Esta es  la crónica escrita a los 11 años . Se ha cumplido mi deseo de no olvidar nunca a mis amigos. Ahora pasados los noventa  años puedo añadir más recuerdos:

          -Mi madre convenció al aña de los niños, Benita, para que viajara con ellos. La pobre decía “Voy a estar allí sola, Marcial dice que allí hay gente, pero yo pienso que todos son indios”. Mi madre la animó diciendo “tres años pasan deprisa y le vendrá muy bien todo lo que va a ganar y, sobre todo, no deja sola a la señora -tan joven- con todos los niños”. La madre de los niños se llamaba Segunda y el padre Marcial.

         Con ellos viajaba también una chica joven,  Rosa. Nuestra costurera, Gumersinda, una andaluza  fue la que le animó. a viajar.

         Tanto mi madre como Gurmesinda estaban después desoladas. Pero yo fui la más afectada. Pasé una auténtica depresión infantil, que entonces no se diagnosticaba. Cerraba los ojos al pasar por su piso. Me salvó Mlle. Lucie, una francesa muy joven que me entendía muy bien y me sacaba de paseo. “No se han muerto están en una isla y cualquier día vuelven”. Yo respiraba y ella me distraía con otras cosas.

         Tenemos en casa la fotografía de toda la familia, incluidas Benita y Rosa, que sirvió para el pasaporte del viaje. Poco antes de marchar, vino Manuel a mi casa para dársela a mi madre. A mí me dio una caracola desde la que se oía el mar. Durante toda la vida ha estado sobre mi tocador, aunque muy pocas veces he contado la historia del Titanic de mi infancia.

 

Datos Históricos:

El Príncipe de Asturias se hundió cerca de Argentina el 5 de marzo de 1916. (En el diario está sañalado el día 6 por error)

Recientemente se ha publicado un libro:

Francisco García Novell

“Naufragio”

La Esfera de los libros 2009

http://www.youtube.com/watch?v=W7U8CzZJPmc