Historia del ángel

La iglesia de mi infancia fue la de los jesuítas, entre las calles Garibay y Andía.

 En aquella época era igual que ahora: El altar de San José, el del Cristo, el altar mayor y el de la Inmaculada…

 Junto al sagrario hay dos ángeles, los conozco de toda la vida y para mí tienen la historia de mi primera infancia.  A uno de ellos le he dedicado un verso, con mi recuerdo tan personal, porque es mi ángel de la guarda, especialmente querido:

Y… AQUÍ QUEDÓ EL ÁNGEL

Aunque hubiese oscuridad

él siempre resplandecía.

Tenía sus manos juntas,

adoraba de rodillas a Cristo que en el sagrario

el Cielo y la tierra unía.

Lo puse siempre a mi lado,

a que viviera mi vida.

Y en luchas, penas y llantos

fuera mi luz y mi guía.

Y él daba paz a mi alma

y llevaba hacia los cielos

al alma desvanecida.

¡Ay que difícil unir

cuerpo y alma que es la vida!

Espíritu dice altura,

el cuerpo la tierra pisa.

El ángel une a los dos,

hace noble la materia

y el alma mira hacia arriba.

El ángel contempla

el cuerpo dormido

entre altos cipreses

y un lejano mar.

Y el alma ya sola

puede volar alto

sin mirar atrás.

Yo te doy las gracias,

¡qué bien me cuidaste!

ocupa aquel trono

que un día dejaste.

En la tierra queda

esculpida en mármol

tu mirada angélica

y la luz de tu faz.

 Postdata: El ángel al que aludo está en la Residencia de los PP Jesuítas de San Sebastián. Es el de la izquierda mirando de frente hacia el Sagrario

Ana María de Ganuza.    Marzo 2001. Poco antes de cumplir 95 años. 

Sacó las fotos Mª Cruz Antelo, compañera de colegio de Maite del Riego.