Política familiar: carlistas y liberales

 Mi padre -Antonio Ganuza Cereceda- de origen navarro fue un carlista convencido. De muy joven, junto con su hermano Vicente, fue paje del que consideraban  Carlos VII y tomó parte en las guerras partidistas que divieron a España durante el siglo XIX. En mi casa había una foto de los dos hermanos con sus atuendos de pajes carlistas. Es un  recuerdo familiar que me gustaría haber conservado.

Imagen carlista de la época

 La derrota carlista le dolió y ya nunca más quiso tomar parte en política. Decidió estudiar Ingeniero de Montes. Aquella Carrera se estudiaba entonces solamente en El Escorial y allí se fue, lejos de su lugar de origen, Viana, en la adorada Navarra.

 Los estudiantes de aquella Escuela forestal eran de todos los lugares de España. Uno de ellos, algo mayor que mi padre, Ramón del Riego, asturiano de Tuña. Su apellido sonaba en España por aquel Rafael del Riego, cabeza de la revuelta militar de 1820 en contra del absolutismo monárquico y defensor de la célebre Constitución de 1812. Después del trienio liberal, el fracaso total le llevó a morir ejecutado, pero pervivió el “Himno de Riego”, que con el tiempo ha representado siempre los sentimientos liberales y republicanos.

 La madre de Ramón -Josefina Jove- viuda muy joven, vivía sola con dos hijas. El resto de sus hijos estaban ya fuera de casa y algunos habían muerto con el tremendo azote de la época: la tuberculosis. Vivían en Gijón y Josefina quiso sacar a sus dos hijas del clima húmedo de Asturias y pensó en la gran oportunidad de ir una temporada junto a su hijo Ramón, al Escorial, aprovechando los buenos aires de la sierra de Madrid.

Escuela de Ingenieros de Montes en El Escorial

 La llegada de dos chicas jóvenes originó un revuelo en la Escuela. Pocas oportunidades sociales tenían aquellos estudiantes. Viajar de El Escorial a Madrid era todo un desplazamiento en aquella época.

 En la vida pasa lo que no se inventa en las novelas. El navarro, Antonio Ganuza se enamoró perdidamente y de por vida de la hija mayor: Ignacia del Riego Jove, mi madre.

 Mi padre fue el siempre eterno enamorado. En el momento del flechazo pasó por todo, porque ¿cómo plantear a su familia carlista/navarra una boda con apellidos asturianos/liberales?: ¡¡Riego Jove!! .

 Mi madre contaba  que cuando mi padre llegó a Viana diciendo que tenía relaciones con una asturiana, se echaron las manos a la cabeza horrorizados. Él no quería soltar el apellido… pero  por fin lo soltó. Los navarros no querían, pero no tenían derecho a oponerse. Sí pusieron algunas condiciones  antes de  acceder: recuerdo que una era que no hubiese en la familia bienes adquiridos con la desamortización de Mendizábal.  Escribieron por vías eclesiásticas preguntando… y se resolvieron todas las dudas. Mi padre  no retrocedió en ningún momento. Si se habían apagado sus sueños carlistas, éste  sueño se iba a hacer realidad. Y efectivamente se casaron.

 Recuerdo que yo de pequeña iba mucho a una sala de mi casa muy bonita, donde había una mesa de escritorio con varios cajones. Estaban cerrados y con la llave puesta. Tendría yo diez  años y un día empecé a abrir, miraba un cajón y no me interesaba nada…. Pero en el de abajo había una cartera y un libro. El libro: “Historia  de Magdalena”. Una pequeña biografía de una hermana monja de mi padre, que había muerto con fama de santidad. No me paré en él.

La cartera  estaba vieja, y dentro -eso no lo habrá sabido nadie más que yo- estaba guardada una tarjeta muy bonita con la letra de mi madre dándole calabazas a mi padre.  Y un papelito de periódico con la reseña de la boda.

 Recuerdo  lo que ponía en la tarjeta: “Agradezco mucho el favor que usted me hace pero, por ahora, no pienso tomar decisión ninguna.  Ignacia del Riego”.

 No sé si ponía afectuosamente. A mí me chocaba la forma de escribir y la forma de hablar de algunas personas: “el favor que usted me hace”¿qué quería decir? También me fijé en el por ahora…  Después había cambiado, ¿cómo sería la decisión de mi madre?

 La reseña de la boda no la recuerdo tanto. Nombraba una iglesia de Oviedo y sí se me ha grabado la descripción de mi madre: “Ignacia estaba preciosa con su traje de terciopelo negro, -no se iba de blanco entonces- parecía una Virgen de Murillo…”

 Me acuerdo de eso. Nadie se enteró. Seguramente no la habrían leído ninguno de mis hermanos. Muchas veces he pensado que mi padre las calabazas las tenía guardadas y yo a los diez años me las aprendí de memoria. Había en mi casa una fotografía preciosa de  mi madre, hecha en Madrid por un fotógrafo muy bueno. Le oí contar a ella que le había pedido: “Póngame usted mirando hacia El Escorial”. “Sí, sí, mire hacia aquel monte…”.

         Nunca hubo en mi casa discusiones políticas, Todo lo más, alguna vez le oí decir a mi padre: “¡Claro, como tú eres liberal!”