Torres de Arbide

Postal antigua,con letra de mi madre está indicado su emplazamiento en Fueros.
Postal antigua, con letra de mi madre está indicado su emplazamiento en Fueros.

Fueron nuestras vecinas más próximas durante mi infancia. Desde el mirador del cuarto de mis padres, a la izquierda, se levantaban dando un irreal aire de ensueño, Sus siluetas nos resultaban familiares.

Mi madre las vio toda su vida porque de niña vivió también muy próxima a ellas, en la calle Echaide.

Las torres de Arbide resistieron los intereses inmobiliarios y no fueron demolidas, cuando los herederos de la propietaria -Rosa Zubeldía- las pusieron en venta. Actualmente están en el Parque de Miramón. Doy mi enhorabuena a la iniciativa de la Caja de Ahorros Municipal (¡felices Cajas de Ahorros que tan bien empleaban nuestro dinero!), idea que fue costosa. Al verlas por primera vez en su nuevo emplazamiento me pareció que habían perdido parte de su magia, cuando emergían en la esquina de un paseo de la ciudad con su misterioso estilo modernista.

Navegando por internet encontré hace relativamente poco un foro en el que se debatía sobre su ubicación anterior a la actual. Yo podía dar testimonio de haber sido vecina durante toda mi infancia y me parecía mentira que en un tiempo relativamente breve se hubiera perdido su memoria. En internet he encontrado un vídeo donde de forma concisa se cuenta la historia y se ven los dos emplazamientos de las Torres, construidas a principios del siglo XX por Sagnier, arquitecto catalán.

Las torres de Arbide, en su primer emplazamiento, contribuyeron al paisaje tan singular del Paseo de los Fueros, que influyó en mi fantasía. Era un marco de posibles novelas belle èpoque y que, sin embargo, cobraba vida con los juegos de los niños, las idas y venidas a la Estación del Norte, los puestos de castañeras y los carritos de helados.

Vídeo

Tardes en Francia

Biarritz este verano
Biarritz este verano

Un encanto de San Sebastián es su proximidad con Francia. Supongo que a la inversa resulta igual y que para los vecinos franceses es un encanto disfrutar de la proximidad de España. Unos y otros nos visitamos con muchísima frecuencia.

         Así que es un recuerdo y también una actualidad. Este mismo verano he tenido la oportunidad de pasear por Biarritz y San Juan de Luz, desde Bilbao donde he pasado unos días.

         He recordado aquellos viajes de mi madre en la década de los cincuenta. Un autobús salía a primera hora de la tarde de la Plaza de Guipúzcoa. Y allí, con una periodicidad no establecida, pero frecuente, se reunían las amigas para pasar la tarde en los centros comerciales que todavía no existían en España, o por lo menos en nuestra tierra. ”Aux Dames de France” en Bayona y “Biarritz-Bonheur”, eran los principales puntos de llegada. Al entrar todas “se perdían” buscando alguna novedad que no se saliera del ajustado presupuesto. Y encontraban algún fantasioso sombrero, inéditos abrelatas, vajillas duralex o botes de nescafé. Productos que entonces no eran habituales en España.

      biarritz   No hago  publicidad al citar estos grandes almacenes porque los dos han desaparecido, después de haber sido faro insignia de una época.  Actualmente Galeries Lafayette ocupan los edificios. Un tributo al prestigio adquirido.

         Tardes en Francia llenas de encanto, de bienestar y de una amistad perdurable. Tierna humanidad, tan necesaria.

         Mi madre se preparaba desde la víspera: Pasaporte, posibles compras, cambio de moneda: peseta a franco, ¡qué lejano el euro!

Ese día no comía. No sabíamos bien por qué pero la decisión era tajante. Ir a Francia era todo un viaje y había que ir ligera de equipaje. El ayuno se compensaba con una buenísima merienda, unas veces en Cazenave (Bayona), donde hay una magnífica chocolatería y otras en Dodin, pastelería de Biarritz. Ahora sí hago publicidad porque las dos siguen existiendo.

Tardes en Francia. Compras en Francia. Los maridos jamás acudían, pero a mi padre le llegaba siempre el premio merecido de unos buenos  quesos franceses. Mi madre no lo olvidaba jamás.

Recuerdo el día que mi madre me dijo: “Mañana vienes a Francia conmigo”. Era la primera vez y yo estaba enloquecida… Me compré un sacapuntas/contenedor. Nunca había visto nada igual. El estreno fue original e infantil. En San Sebastián hubo una plaga de “mantangorris” (nunca he utilizado la palabra “mariquita”) y llené el contenedor del sacapuntas con los simpáticos bichejos.

Tardes en Francia, alegres, compartidas. Qué necesaria, la pequeña felicidad que da sal a la vida.

El sacapuntas contenedor apareció este verano
El sacapuntas contenedor sobrevive

Los Italianos donostiarras

IMG_20150820_123023En mi reciente paseo por la ciudad he tenido la suerte de volver a tomar un helado de LOS ITALIANOS. Allá por los años cincuenta entraba dentro de las costumbres de las tardes veraniegas, antes de volver a casa un helado en Los Italianos remataba el día.

Me entero de que este año 2015, Los Italianos cumplen nada menos que ochenta años al servicio de Donostia, proporcionando siempre buen gusto.

!Qué menos que dedicar una entrada del blog! Es mi agradecimiento a tantos ratos en buena compañía y degustando la delicia fresca del helado italiano. Ofrezco un link para dar a conocer la ya larga historia de LOS ITALIANOS en nuestra ciudad. Esta tomado de un blog “Comercios donostiarras” que merece la pena conocer. 

http://www.comerciosdonostiarras.com/establecimientos_detalle.php%3Flang%3Des%26cRuta%3D0_1_14%26idCategoria%3D1%26idSeccion%3D0%26idComercio%3D31

Añado un recuerdo personal. Entre las variedades de mi infancia se podía elegir  plátano helado. Me gustaba mucho. Entonces no existía la variedad de gusto actuales, recuerdo el de tutti fruti que también me gustaba mucho. Tenía el encanto de las frutas de colores y la gracia sonora del nombre.

Recuerdo a Arnaldo, trabajando el helado con la pala sin pausa y siempre sonriendo. Conocía a sus clientes. Nosotras, unas niñas que empleaban allí sus pequeños ahorros, una o dos pesetas.

¡Enhorabuena a su hija Linda Arnoldo por hacer actual este bonito recuerdo de infancia!

Así los recuerdo
                         Así los recuerdo

 

Pequeño comercio

El nuevo libros sobre pastelerías
El nuevo libros sobre pastelerías

La publicación virtual tiene el aliciente de convertirse en real. Hace unos días recibí un correo electrónico de Juan José Fernández y Lola Horcajo. Junto con Carlos Blasco son autores de publicaciones sobre la pequeña historia de los comercios donostiarras. Temática que, de manera tangencial, incide en Memorias Donostiarras. Al hilo de los recuerdos han ido apareciendo escenarios del pequeño comercio de la primera mitad del siglo XX.

         Por nombrar algunos, en este blog han salido la pastelería Mallorquina, situada en el mismo portal donde nació mi madre –Camino 7-  y que tuvo el bonito detalle de regalar la tarta del día del bautizo.

         Sale también el comercio fotográfico de Willy Koch. La librería Baroja, la emblemática Cafetería Gaviria, Vidaurre, cercana a la Joyería Casa Astraín…

         La vida de una ciudad está unida a los comercios que alegran las calles, ¿quién no recuerda el negrito de la Casa del Café?, felizmente trasladado de la calle Garibay a la calle Churruca. ¿O no se ha comprado  unos zapatos de lluvia o de colegio en Muro? Las gabardinas del Búfalo, que tuvo uno de los primeros anuncios luminosos. Habría que nombrar muchísimos comercios que irán saliendo  en otras entradas.

         Ya he hablado por teléfono con mis nuevos amigos y os dejo con su página web, donde lo cuentan muy bien y nos muestran un extenso elenco de comercios:

 www.comerciosdonostiarras.com

  Aunque lo verdaderamente interesante será gozar con los libros que van publicando.

          En todas las ciudades de España con el paso de los años se van cerrando estos comercios tan unidos a la vida de la ciudad. Como consecuencia de la crisis actual el fenómeno se va extendiendo y en algunos escaparates he leído un mensaje muy certero:

 “Sin el pequeño comercio la ciudad se apaga”.

 Es cierto. Las grandes superficies y almacenes juegan un papel importante, pero lo que da luz e incide en la vida es el trato deferente comerciante/cliente: El que envuelve el paquete para regalo. El que aconseja la compra adecuada. El que “pierde tiempo” con nuestra indecisión y nos convence con honradez y talento.   Y, sobre todo, los escaparates con luminosidad y buen gusto. Ese buen gusto ha definido siempre al comercio donostiarra.