Armonía

Naútico1Club Naútico de San Sebastián

 

Juan Carlos Alessandretti es un seguidor del blog. Tiene raíces donostiarras y vive en Argentina.

         Recientemente ha viajado a San Sebastián con su esposa y tuvieron el gran detalle de invitarme a un café. Tuve que decirles que estoy afincada en Valladolid.

         Pero hizo una bonita crónica del viaje, que me fue enviando paso a paso: lo nuevo y lo viejo, los tradicionales comercios que se mantienen y los desaparecidos.

         Me llamó la atención uno de sus comentarios que transcribo:

“¿Te has fijado?  el edificio del Club Náutico, objetivamente pequeño, irrelevante, en otra ciudad …  pero aquí en esta escenografía donostiarra encaja a la perfección, dando armonía al conjunto”.

Efectivamente, el arte de los arquitectos es crear para lugares definidos. El edificio se convierte en   canto al paisaje. Y eso ocurre con el Naútico: encaja perfectamente con el entorno.

          San Sebastián tiene encanto, no sólo por su bahía, sino por sus rincones, plazas, edificios, paseos.

          Y me acordé de una poesía que compuse ya hace unos años y que hoy traigo al blog:

SAN SEBASTIAN

¿Porqué su amor levanta

los vuelos de mi alma?

¿Por qué siento tan fuerte

su memoria pasada?

¿Por qué la tierra clama

tan altas resonancias?

Aprendí ternura

en sus dulces montañas,

de perfiles agrestes,

siempre cercanas.

El mar dejó una huella,

mi pleamar amada.

El murmullo de lluvia

es canto de mi alma.

Me rodeó belleza,

luz que no engaña,

en los tonos velados

de la bahía alada.

Sus gentes son las mías,

parcas en palabras,

fuertes en sentimientos,

de genuina entraña.

Es la medida exacta

de la armonía urbana,

en calles, avenidas

y en sosegadas plazas.

31-VIII-97

Armonioso Paseo de Francia
Armonioso Paseo de Francia

GUERRA DEL 14, guerra de mi infancia

Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia
Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia

La primera guerra mundial -la grand guèrre- se declaró el 28 de julio de 1914 y duró hasta el 11 de noviembre de 1918. Cuando estalló tenía yo ocho años. Suficientes para observar y darme cuenta, por eso puedo contar ahora mis recuerdos infantiles, en los que tantas cosas se mezclan.

 España no entró en el conflicto, pero aunque no lo sufriéramos en primera persona, lo seguíamos intensamente. Aprendí el horror de la guerra, sin sufrirla y participé en victoras y derrotas.

 Poco antes de estallar la guerra se rompió una pieza del ascensor de mi casa; estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Todavía había muy pocos ascensores en San Sebastián y tenía un  motor de agua, que daba la energía para poder subir estirando con una cuerda. La capacidad era de cuatro personas y subía muy lento haciendo un ruido muy característico, “ta-ta”.  Aquel motor un día se estropeó y estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Decidieron cambiarlo por uno electrico pero, por ser de importación, hubo que pedirlo a Alemania. Llegó a Hendaya justo cuando estalló la guerra, se cerraron las fronteras y quedó retenido. Estuvimos sin ascensor todos los años que duró la guerra. La gran sorpresa fue que al día siguiente de firmarse el armisticio lo trajeron.

Es un detalle indicativo de la paralización que supone una guerra. España no entró en el conflicto, pero la influencia en la opinión pública, en las conversaciones familiares nos hacía a los niños testigos de aquello tremendo que estaba pasando y escuchábamos la disparidad de opiniones entre unos y otros, hasta que nosotros mismos forjábamos nuestra opinión personal, de acuerdo con las imágenes que revoloteaban en nuestra imaginación.

En san Sebastián las noticias se daban en un pequeño telegrama que aparecía junto a la sede del Diario Vasco, en la calle Garibay. Desde 1912 se instaló en el mismo edificio el salón de Cine Novedades, muy popular en la ciudad y empezamos a hablar del “Telegrama del Novedades”. No había otra manera de comunicar noticias rápidas. Aparecía un telegrama escueto y todo el mundo se agolpaba a leer. La mayor parte de las noticias eran muy trágicas. Cuando veíamos gente por aquella zona corríamos: “¿Ha ocurrido algo…?”

Así recibimos la noticia de que había estallado la guerra europea, sin más detalles. Luego, a última hora de la tarde había chiquillos a los que pagarían unos 10 cts. que corrían por la calle: “El telégrama, el telégrama, el telégrama (se decía con acento) de hoy: “Las tropas alemanas avanzan a Bélgica”… “Va salir el cañón del 42”. Un cañón que también se llamó La gran Berta.

No sé si he hablado de Mademoiselle Lucie Biarrot, una francesa jovencita que, además de enseñarme un maravilloso francés, era mi constante compañía. A ella le debo mi tendencia francófila que he conservado toda la vida. También jugó un papel importante mi madrina, tía Anita, que junto a su identidad vasca, bien definida, admiraba todo lo que fuera francés y convertía el conflicto con su imaginación desbordante en una aventura fantástica.

 Cuando se declaró la guerra, mi padre habló con los padres de Mlle. Lucie por si querían que volviera a Francia. Decidieron que estaba mejor en España. Efectivamente fue la mejor decisión, pero se comprende su tremenda inquietud por los acontecimientos. San Sebastián se llenó de jóvenes francesas que huían de su país y trabajaban con familias. Con bastante frecuencia se reunían en casa del Consul francés que les daba noticias, les animaba y siempre terminaban cantando un himno a Santa Juana de Arco que yo aprendí y todavía lo puedo cantar: “Vive Jeanne, vive la France” La mujer del Consul nos regalaba un galleta a cadaniño. Eran malísimas, pero, nos parecían una maravilla, las mejores.

 En el Paseo de la Concha, bajo los tamarindos, tenían costumbre de pasear los hombres. Se sentaban y con sus bastones -todos lo llevaban- hacían el proyecto de la guerra, según les iban llegando noticias: los alemanes avanzan por aquí y los franceses… Estaba La Concha llena de proyectos de guerra.

 Rezábamos, como he dejado escrito en un relato anterior, por el fin de la guerra. Vivíamos intensamente el clima mundial.  ¡Cuánto hemos rezado en el siglo XX por la paz!

 Anteriormente –en la Guerra Franco-Prusiana- los alemanes se habían hecho con Alsacia y Lorena. Terminó aquella guerra y vino la Bèlle époque…. con un magnífico resurgimiento de la cultura y el arte. En Francia se desarrolló un fuerte sentimiento patriótico; cantaban en francés:

Nos habréis cogido Alsacia y Lorena

pero a pesar de todo seguiremos siendo franceses

habréis podido germanizar la tierra

pero nuestro corazón no lo habéis germinazado nunca.

Durante la guerra recuerdo a Poincaré como Jefe de gobierno. Admiré a Petain, que tenía que haber terminado allí su brillante carrera militar, ¡¡vencedor en Verdun!!, sin involucrarse en la segunda guerra mundial donde perdió un prestigio justamente ganado.

En un libro que yo he leído muchas veces “Le gens de Mogador”, escrito por Elisabeth Barbier,  se describe esa época. Son varios volúmenes, parecidos a las series televisivas de ahora. Cada volumen lleva un nombre de mujer: Julie: describe la guerra franco-prusiana; Ludivine, la guerra del 14. Dominique en la época de la guerra civil española.

Con la Primera Guerra Mundial se introdujo la mujer en el campo del trabajo. En Francia conducían los tranvías y los pequeños carruajes que había entonces. Trabajaban en las fábricas. Y con eso vino la gran revolución en la moda. Las faldas que se llevaban hasta el suelo se acortaron mucho. Y hasta hubo intento de introducir el pantalón, pero aquello no prosperó. En Francia empezaron a llevar lo que llamaban juppe/culotte (falda pantalón). Pero el pantalón no prosperó hasta muy avanzada la segunda guerra. La moda cambió del todo. Recuerdo a mis hermanas con las faldas hasta el suelo; eso desapareció. Incluso la forma del cuerpo: se puso de moda la gente estilizada. Del antiguo estilo tipo Rubens pasamos, a partir de la guerra del 14, a la moda de la esbeltez. Por ejemplo en la película “Lo que el viento se llevó” aparece Scarlate con una negra poniéndole un corsé para hacerle la forma que gustaba antes. Todo cambió en la guerra del 14.