Petite Marie

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Hoy 21 de noviembre en el Colegio del Sagrado Corazón, celebrábamos la petite Marie, la Virgen Niña entrando en el templo.
He encontrado en el archivo fotográfico de la Kutxa, la foto de mi hermana Myriam el día 21 de noviembre de 1946 en que fue elegida para representar a la Petite Marie

La foto es del conocido fotógrafo Marín que captó el ambiente infantil de la fiesta y el marco incomparable de Miraconcha, sobre la bahía.

Las cuatro hermanas celebramos la fiesta
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Y en esta foto Marín captó a las cuatro hermanas celebrando la fiesta. Y yo me puse en jarras.

Un acomodador y un grumete…

Nacimiento

         Escribo en plena Navidad. Esencialmente celebramos que el mismo Hijo de Dios en un lugar y en una fecha concretas, entró en nuestras coordenadas humanas de espacio y tiempo y asumió nuestra pobreza.

El Evangelio nos cuenta de forma breve: “… dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón”. (San Lucas 2,7).

Así fue el acontecimiento. De ahí que la Doctrina Social de la Iglesia no sea un suplemento añadido a la fe, sino que emerge de ella. Es enseñanza de siempre de la Iglesia Católica que en los últimos siglos ha cristalizado en documentos ricos en sustancia, pero tal vez desconocidos por lo menos para lo que llamamos gran público o el “público de los medios”.

Yo tengo un recuerdo infantil que entra de lleno en mis Memorias Donostiarras, con auténtica veracidad, valga la redundancia.

Con frecuencia oía decir a mi madre: “voy a la Conferencia”… “vengo de la Conferencia”.

Para mí esa palabra tenía un significado inconcreto, pero relacionado con un ambiente de pobreza. Mi madre no solía contar más cosas…  La conferencia era para mí algo que llegó a ser habitual, aunque no alcanzaba su significado.

Más tarde he sabido que se trataba de las Conferencias de San Vicente. Una organización católica con  identidad definida: laical y dirigida a remediar necesidades sociales apremiantes. Fundada en París por un grupo de estudiantes, entre ellos destacó Antonio Federico Ozanam que llegó a ser profesor de la Sorbona, casado y padre de familia fue beatificado por Juan Pablo II, el 22 de agosto de 1997,  en la Catedral de Notre Dame dentro de los actos de la Jornada mundial de la Juventud que se celebró en París. En su homilía dijo el Papa que él mismo siendo estudiante había formado parte de las Conferencias en su tierra polaca.

En España las Conferencias de San Vicente entraron por medio  del músico Santiago Masarnou. Se extendieron con rapidez. Estoy hablando del siglo XIX, pero actualmente están en todas las Autonomías.

Conferencias se llaman a los grupos de oración y trabajo. Se agrupan un buen número de personas que ahora llamamos “voluntarios de ONG”. Entonces no existían en la vida civil, pero en la Iglesia era una realidad muy extendida. En concreto las Conferencias de San Vicente paliaban la pobreza de los más necesitados en un clima de cercanía familiar.

Mi madre era una de esas “voluntarias”, decididas, que con una buena dosis de generosidad daba su tiempo para atender las necesidades ajenas, aunque en  aquel momento la mayoría de la gente que participaba tenía lo justo para vivir dignamente y apenas se utlizaba la palabra “consumo” porque consumíamos lo mínimo.

Con el tiempo mi madre me ilustró lo que eran aquellas Conferencias de San Vicente con dos relatos pintorescos.

Visitaban a familias en situaciones difíciles ayudándoles a resolver algún problema. Las relaciones sociales de mi madre en San Sebastián eran muy extensas y le servían para estas tareas. Iban siempre dos personas. Mi madre con su amiga Loren Oyarbide. Le dejo contar a ella:

-Un padre de familia nos contó sus problemas económicos. Tenía un trabajo reducido, pero  con derecho a vivienda. “Necesitaría algo por las tardes. Esto no lo puedo dejar porque me dan casa. Por ejemplo me vendría muy bien ser acomodador de cine…”

Loren y yo nos reíamos al volver pensando en nuestras posibilidades para ese trabajo. Pero a los pocos días, una amiga me dice: “¿sabes se abre un cine nuevo cerca de tu casa. Se va a llamar “Actualidades”.  Y Asunción -otra amiga común- está al frente de elección de personal”.

No me lo podía creer.  Hablé con Asun:

-Tengo un acomodador  para el cine…

-Sí, ¡pero me viene tanta gente..!

A los pocos días me llama:

-He dejado ese puesto en blanco y lo he reservado para el que tú conoces.

Me eché a la calle a la mayor velocidad. No era día de Conferencias, pero me salté las reglas habituales. Llegué a la casa y le di mi tarjeta para que fuera a la entrevista: “Por favor, muy bien arreglado, tienes que dar muy buena impresión… Y ofrécete para todo lo que te pidan: electricidad, calefacción… lo que haga falta.  Luego me dices el resultado”

Al poco tiempo me llama eufórico:

-Señora, no lo puedo creer, me han dicho que vaya mañana a tomarme medida para los uniformes.

Igual de sorprendida se quedó Loren cuando le conté mi aventura. Allí estuvo el acomodador el resto de su vida laboral. Del cine “Actualidades” pasó al “Novelty” Con toda su alma nos buscaba sitio con su linterna a los de la familia.

Otro caso fue un chico que la familia no hacía carrera con él… No era malo, pero sólo le gustaba el mar… el mar.  Iba al Puerto de  Pasajes a pintar barcos. Era su ambiente.

Se me ocurrió decirle a su madre. “¿A su hijo no le gustaría ser grumete?”.  Salían barcos a la pesca del bacalao a Islandia. Una vida dura, pero buena para chicos jóvenes. Ganaban su jornal y se acostumbraban a la disciplina del trabajo. La madre no veía posible conseguirlo.

Llamé al marido de una amiga,  Perico Espada, que trabajaba en negocios de pesca. Siempre me ha dado más resultado acudir en directo a los hombres para pedir favores.

Me dijo honradamente : “Yo de eso no me ocupo, pero voy hablar con el jefe de personal”. Todo salió bien. Pues, ¡qué se fue  el chico por el bacalao de grumete! Estaba feliz.  Después de grumete pasó a ser marino. No supe más de él.  En su casa estaban agradecidos y descansadísimos.

Fui muchos años a la Conferencia. No todo era dar, se aprendían muchas cosas y, sobre todo, tenías posibilidad de abrir horizontes.

¡Cuántos relatos se podrán contar de las Conferencias de San Vicente! Una continua Navidad de amar con obras.

GUERRA DEL 14, guerra de mi infancia

Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia
Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia

La primera guerra mundial -la grand guèrre- se declaró el 28 de julio de 1914 y duró hasta el 11 de noviembre de 1918. Cuando estalló tenía yo ocho años. Suficientes para observar y darme cuenta, por eso puedo contar ahora mis recuerdos infantiles, en los que tantas cosas se mezclan.

 España no entró en el conflicto, pero aunque no lo sufriéramos en primera persona, lo seguíamos intensamente. Aprendí el horror de la guerra, sin sufrirla y participé en victoras y derrotas.

 Poco antes de estallar la guerra se rompió una pieza del ascensor de mi casa; estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Todavía había muy pocos ascensores en San Sebastián y tenía un  motor de agua, que daba la energía para poder subir estirando con una cuerda. La capacidad era de cuatro personas y subía muy lento haciendo un ruido muy característico, “ta-ta”.  Aquel motor un día se estropeó y estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Decidieron cambiarlo por uno electrico pero, por ser de importación, hubo que pedirlo a Alemania. Llegó a Hendaya justo cuando estalló la guerra, se cerraron las fronteras y quedó retenido. Estuvimos sin ascensor todos los años que duró la guerra. La gran sorpresa fue que al día siguiente de firmarse el armisticio lo trajeron.

Es un detalle indicativo de la paralización que supone una guerra. España no entró en el conflicto, pero la influencia en la opinión pública, en las conversaciones familiares nos hacía a los niños testigos de aquello tremendo que estaba pasando y escuchábamos la disparidad de opiniones entre unos y otros, hasta que nosotros mismos forjábamos nuestra opinión personal, de acuerdo con las imágenes que revoloteaban en nuestra imaginación.

En san Sebastián las noticias se daban en un pequeño telegrama que aparecía junto a la sede del Diario Vasco, en la calle Garibay. Desde 1912 se instaló en el mismo edificio el salón de Cine Novedades, muy popular en la ciudad y empezamos a hablar del “Telegrama del Novedades”. No había otra manera de comunicar noticias rápidas. Aparecía un telegrama escueto y todo el mundo se agolpaba a leer. La mayor parte de las noticias eran muy trágicas. Cuando veíamos gente por aquella zona corríamos: “¿Ha ocurrido algo…?”

Así recibimos la noticia de que había estallado la guerra europea, sin más detalles. Luego, a última hora de la tarde había chiquillos a los que pagarían unos 10 cts. que corrían por la calle: “El telégrama, el telégrama, el telégrama (se decía con acento) de hoy: “Las tropas alemanas avanzan a Bélgica”… “Va salir el cañón del 42”. Un cañón que también se llamó La gran Berta.

No sé si he hablado de Mademoiselle Lucie Biarrot, una francesa jovencita que, además de enseñarme un maravilloso francés, era mi constante compañía. A ella le debo mi tendencia francófila que he conservado toda la vida. También jugó un papel importante mi madrina, tía Anita, que junto a su identidad vasca, bien definida, admiraba todo lo que fuera francés y convertía el conflicto con su imaginación desbordante en una aventura fantástica.

 Cuando se declaró la guerra, mi padre habló con los padres de Mlle. Lucie por si querían que volviera a Francia. Decidieron que estaba mejor en España. Efectivamente fue la mejor decisión, pero se comprende su tremenda inquietud por los acontecimientos. San Sebastián se llenó de jóvenes francesas que huían de su país y trabajaban con familias. Con bastante frecuencia se reunían en casa del Consul francés que les daba noticias, les animaba y siempre terminaban cantando un himno a Santa Juana de Arco que yo aprendí y todavía lo puedo cantar: “Vive Jeanne, vive la France” La mujer del Consul nos regalaba un galleta a cadaniño. Eran malísimas, pero, nos parecían una maravilla, las mejores.

 En el Paseo de la Concha, bajo los tamarindos, tenían costumbre de pasear los hombres. Se sentaban y con sus bastones -todos lo llevaban- hacían el proyecto de la guerra, según les iban llegando noticias: los alemanes avanzan por aquí y los franceses… Estaba La Concha llena de proyectos de guerra.

 Rezábamos, como he dejado escrito en un relato anterior, por el fin de la guerra. Vivíamos intensamente el clima mundial.  ¡Cuánto hemos rezado en el siglo XX por la paz!

 Anteriormente –en la Guerra Franco-Prusiana- los alemanes se habían hecho con Alsacia y Lorena. Terminó aquella guerra y vino la Bèlle époque…. con un magnífico resurgimiento de la cultura y el arte. En Francia se desarrolló un fuerte sentimiento patriótico; cantaban en francés:

Nos habréis cogido Alsacia y Lorena

pero a pesar de todo seguiremos siendo franceses

habréis podido germanizar la tierra

pero nuestro corazón no lo habéis germinazado nunca.

Durante la guerra recuerdo a Poincaré como Jefe de gobierno. Admiré a Petain, que tenía que haber terminado allí su brillante carrera militar, ¡¡vencedor en Verdun!!, sin involucrarse en la segunda guerra mundial donde perdió un prestigio justamente ganado.

En un libro que yo he leído muchas veces “Le gens de Mogador”, escrito por Elisabeth Barbier,  se describe esa época. Son varios volúmenes, parecidos a las series televisivas de ahora. Cada volumen lleva un nombre de mujer: Julie: describe la guerra franco-prusiana; Ludivine, la guerra del 14. Dominique en la época de la guerra civil española.

Con la Primera Guerra Mundial se introdujo la mujer en el campo del trabajo. En Francia conducían los tranvías y los pequeños carruajes que había entonces. Trabajaban en las fábricas. Y con eso vino la gran revolución en la moda. Las faldas que se llevaban hasta el suelo se acortaron mucho. Y hasta hubo intento de introducir el pantalón, pero aquello no prosperó. En Francia empezaron a llevar lo que llamaban juppe/culotte (falda pantalón). Pero el pantalón no prosperó hasta muy avanzada la segunda guerra. La moda cambió del todo. Recuerdo a mis hermanas con las faldas hasta el suelo; eso desapareció. Incluso la forma del cuerpo: se puso de moda la gente estilizada. Del antiguo estilo tipo Rubens pasamos, a partir de la guerra del 14, a la moda de la esbeltez. Por ejemplo en la película “Lo que el viento se llevó” aparece Scarlate con una negra poniéndole un corsé para hacerle la forma que gustaba antes. Todo cambió en la guerra del 14.

Fuentes en San Sebastián

 

No recuerdo el día de esta foto. Mi hermana Myriam me cuenta que fue una tarde, cerca de Amara, cuando aquella zona era casi un descampado que se poblaba, una vez al año,  con las tradicionales “ferias de barracas”, que nos hacían felices.

         Aquella tarde fuimos de paseo, nos acercamos a beber a la fuente y apareció un fotógrafo callejero. El ama Aúrea, que nos acompañaba, captó el momento y exclamó: “¡Ahora…!” y el fotógrafo disparó.

         Quedó inmortalizado un instante de nuestra vida infantil: el juego alrededor de la fuente, y la postura propia de “no mojar la falda…” siguiendo las advertencias maternas.

         Son propias de la ciudad estas fuentes que mezclan necesidad y juego. Resultan  regalo no sólo por utilizarlas, sino por verlas.

         Y aquel fotógrafo callejero, un anónimo desconocido, resultó artista sin saberlo.

URGULL-IGUELDO

Fotogafía: http://kasisks.blogspot.com/ 

¿Qué mejor memoria donostiarra que esta preciosa foto? Protagonistas: en primer término Urgull y más al fondo Igueldo. Son los dos montes que configuran la bahía.

 Urgull es nombre de origen gascón. Fue en sus tiempos fortaleza militar y de ahí deriva el nombre de “El Castillo”. El cementerio de los ingleses guarda a los soldados que murieron en batalla el año 1813. En 1950 se coronó Urgull con la estatua del Sagrado Corazón. Desde entonces ha recibido muchas oraciones. Recuerdo a mi madre que subía andando para pedirle ¡hasta por nuestras reválidas! y muchas otras intenciones. Cuando iba con ella por la calle le oía rezar el Padrenuestro cuando veía la imagen.

 Igueldo ha alegrado muchas tardes infantiles. La divertida subida en el funicular y las múltiples atracciones: laberinto, montaña rusa, barcas, río misterioso… Y en mi infancia ¡la simpática osa Úrsula! 

Desde los dos montes, las vistas de San Sebastián son incomparables en cualquier época del año.