Fuentes en San Sebastián

 

No recuerdo el día de esta foto. Mi hermana Myriam me cuenta que fue una tarde, cerca de Amara, cuando aquella zona era casi un descampado que se poblaba, una vez al año,  con las tradicionales “ferias de barracas”, que nos hacían felices.

         Aquella tarde fuimos de paseo, nos acercamos a beber a la fuente y apareció un fotógrafo callejero. El ama Aúrea, que nos acompañaba, captó el momento y exclamó: “¡Ahora…!” y el fotógrafo disparó.

         Quedó inmortalizado un instante de nuestra vida infantil: el juego alrededor de la fuente, y la postura propia de “no mojar la falda…” siguiendo las advertencias maternas.

         Son propias de la ciudad estas fuentes que mezclan necesidad y juego. Resultan  regalo no sólo por utilizarlas, sino por verlas.

         Y aquel fotógrafo callejero, un anónimo desconocido, resultó artista sin saberlo.