Libros, librerías, libreros…

Felicitación de Carmen Lanz, recibida en Málaga
Felicitación de Carmen Lanz, recibida en Málaga

Los libros han sido parte importante de mi vida. Ahora que tengo tantos años, me gustaría haber leído más. Reconozco una laguna importante: no he leído El Quijote. Y, a mis edad, ya no estoy en condiciones de hacerlo. Porque entiendo que a un gran escritor le corresponde un gran lector. No sólo el escritor crea. También el lector, con su imaginación, con su capacidad de comprensión y atención. Los libros son como los amigos: existe una conexión, una simpatía… Y así se llega a algo profundo que lleva a superar los momentos más farragosos o difíciles, porque te calan hondo.

 Mis hijas han heredado esta pasión. En mi casa siempre se ha hablado mucho de libros y el humus se contagia. Mi marido también leía. Generalmente libros que le traía yo de la biblioteca de Centro de Cultura. Pero de esto hablaré otro día.

 Hoy me refiero a libros y, sobre todo, a una librera, Carmen Lanz, propietaria de “Baroja”, situada en la calle Churruca, ya no existe. Carmen era una gran amiga.

 La conocí antes de que abriera la librería. Había sido Secretaria de la Cruz Roja y su madre estuvo en la portería de Echaide 14, muy cerca de mi casa.

 Fue muy valiente. Su local estaba cerca de otra librería muy potente y famosa “La Internacional”. La calle Churruca, en pleno centro de la ciudad, siempre ha sido muy comercial. Carmen abrió en 1942, lo recuerdo bien porque fue el año que murió mi madre. Había costumbre entonces de rezar el Rosario en casa con compañía de las personas amigas y entre ellas estaba Carmen. Al comenzar su negocio no las tenía todas consigo y recuerdo que comentaba:

 -Me dedicaré, sobre todo, a material escolar. Por lo menos venderé lápices y cuadernos a las amigas.

 Pero trabajó firme y tuvo éxito total como librera. Tanto que a la hora de cerrar el local estaba lleno de gente y salíamos por una puerta lateral.

 Desde el Centro de Cultura Femenina le encargábamos todos los libros. Llegamos a tener una biblioteca importante. Carmen nos surtía y encargaba los pedidos cuando no estaban disponibles. Con nosotras tuvo una buena clientela.

 Pero si triunfó como librera, todavía mucho más como amiga. La librería se convirtió en un lugar encantador, por el clima que creó Carmen. Concha Azqueta le dio las llaves de su casa por si algún familiar las necesitaba. No recuerdo quién fue, pero una de nuestras amigas se mareó por la calle y pidió a los que le atendieron: “llévenme a aquella librería…” Allí estaba Carmen, dispuesta a lo que hiciera falta.

 En “Baroja” nos citábamos para esperar viendo libros. Poníamos pequeños anuncios domésticos. El local de Carmen Lanz era una institución para los clientes que llegamos a ser muchos.

  Esto dice mucho de quién era Carmen. Me consta que no me ha olvidado. Hasta que murió sus felicitaciones me llegaron siempre con su estilo escueto, cariñoso, con un entrañable toque donostiarra.

Otra felicitación de Carmen.  El poema es del Padre Cué

 Nota de Maite del Riego:Cue1Cue2

No me extraña lo que cuenta mi madre.  Encuentro en   El Diario Vasco  una entrevista a las propietarias de Beñarán, comercio de lencería de gran solera, vecino a la librería. Una de ellas comenta acerca de los establecimientos de la zona:

-Libros… también en Baroja. Su dueña, Carmen Lanz, cuando Beñarán se quemó nos puso en la mano una llave. Era la de un local suyo de la calle Embeltrán. Lo ponía a nuestra disposición. Libre de cualquier carga. (Diario Vasco, 13-3-2008).

Día de Reyes

 

 

         Reyes Magos en la década de los cuarenta. A pesar de la mucha escasez eran espléndidos, a costa de muchos equilibrios en la economía familiar, pero el día del Reyes era así de importante. Recuerdo a mi madre exclamando una y otra ves: “¡¡Los Reyes se han vuelto locos!!” 

No sé con seguridad el año de la foto.  Alrededor de 1947. Yo todavía no había cumplido los seis años.

         Mi hermana Myriam recuerda

 “Los libros eran “Mujercitas” y las “Niñas modelo”, de la Condesa de Segur.  Mamá me quitó mujercitas porque dijo que tenía que ojearlo para ver si era adecuado y yo pensé que podía haberlo hecho antes, cuando lo compró”.

         Mi recuerdo de este día de Reyes es el perro mecánico que movía el rabo al andar, después de darle cuerda un buen rato. Me encantó; mucho más que los muñecos.

         Los Reyes trajeron a mi padre “un paraguas Chamberlain”, así se llamaban porque los puso de moda el famoso político inglés.