Se equivocó la paloma

Si hubieras llegado antes!

Hoy 8 de abril, es el día en que ETA  hace el gesto de conciliación y deseamos que sea verdad. La historia hablará.

La paloma de la paz de Picaso y la poesía de Alberti evocan lo que tenía que haber ocurrido antes y mejor. Sin  tan gran reguero de sangre. Yo deseaba que mi madre, antes de morir, hubiera vivido el fin de ETA porque lo deseó ardientemente. Mucha gente del país vasco ha sido gestora de paz, y por ellos vuela la paloma,  un tanto aturdida por su retraso, por su equivocación.

Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
Por ir al norte, fue al sur
creyó que el trigo era agua,
se equivocaba.

Creyó que el mar era el cielo
que la noche, la mañana,
se equivocaba,
se equivocaba.

Que las estrellas, rocío
que la calor, la nevada,
se equivocaba,
se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa
que tu corazón, su casa,
se equivocaba,
se equivocaba.

Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama

Si hubieras llegado antes, vivirían todos estos niños que estuvieron muy poco tiempo entre nosotros. Creo en su feliz vida eterna, porque ellos son inocentes.

http://www.libertaddigital.com/nacional/2011-10-29/ninos-asesinados-por-eta-1276439799/

Repito lo que escribí en otra página al dictado de la Sagrada Escritura: “No quiero la muerte del malvado, -dice el Señor-sino que cambie de conducta y viva”. (Ez 33,11). No basta entregar armas, sino cambiar el corazón, liberarlo de odios ancestrales. Educar en el aprecio a la vida de todos. Una gran tarea de regeneración.

Sólo queda oír la canción de Serrat:

Negra memoria

 

Foto de Willy Uribe, lugar donde ETA mató

Eta anuncia su despedida para el 8 de abril. Sorprendente que ellos mismos pongan fecha y lugar; Francia.

No es noticia para echar campanas al vuelo. Eta se retira con todo su mal hecho, prolongado en tiempo y espacio. Han sido muchos años y muchos escenarios de muerte.

Eta tiene el triste haber de cada muerte, de cada extorsión de una forma u otra. Y ha destrozado el país vasco. Eta ha sembrado una triste y negra memoria. No hacen falta estadísticas porque son frías. Basta la punzada de cada una de las muertes. Memoria imborrable de una página indeseable -en el justo sentido de la palabra- no solo para el país vasco, sino para la humanidad porque la existencia de Eta ha sido perversa.

Con su estilo sombrío -es autor de novela negra- Willy Uribe ha creado un blog con fotos recogidas en los lugares donde ETA mató, en el mismo día y hora del aniversario de la muerte.

https://allidonde.wordpress.com/

No comparto todas sus ideas, pero ha realizado un gran trabajo para que la realidad de los  hechos llegue a los más jóvenes.  El verdadero fin de ETA está en las palabras cristianas de la Sagrada Escritura: “No quiero la muerte del malvado, -dice el Señor- sino que cambie de conducta y viva.”  Hace falta un cambio radical, gentes libres de toda culpa, gestores de paz.

 

Lágrimas por una guerra

Pío XII pidió a la Virgen la paz del mundo con esta imagen
Pío XII pidió a la Virgen la paz del mundo con esta imagen

Traté la guerra del 14 en la entrada anterior. Mi madre guardaba también recuerdos muy únicos de la Segunda Guerra Mundial.

          Guardo un recorte de prensa del Diario Vasco del Domingo 19 de septiembre de 2004 que evoca cómo se vivió en San Sebastián el día que estalló la Segunda Guerra Mundial. El autor es Mikel G. Gurpegui. Lo transcribo y añadiré algunos recuerdos de mi madre.

 LAS LÁGRIMAS DE UNA ALEMANA (por Mikel G. Gurpegui)

 ¿Cómo se viven estas fechas que luego pasarán a los libros de historia? Pues a veces sin aspavientos, apenas con pequeños sobresaltos, hasta con placidez: “Una imagen melancólica y borrosa como extraía de un film de Fellini. Un día con poca historia, casi como todos los demás…”

         Así evocaba el articulista Carlos Sentís la atmósfera vivida en San Sebastián el 1 de septiembre de 1939, o sea, el día en que las tropas nazis invadieron Polonia en lo que marcaría el inicio de la Segunda Guerra Mundial. Sentís se alojaba entonces en el Hotel María Cristina, al que regresó treinta años después para buscar sus recuerdos, que expresaría en un artículo del DV. “En aquel San Sebastián de los permisos de guerra, del Bar Basque, del Gaviria o del Café Madrid (…) se tomaba el café a pequeños sorbos, saboreándolo como la misma paz recién estrenada. Dado aquel ambiente, reposado y casi `sin historia´, es difícil para mí reconstruir por entero aquella decisiva jornada”.

         “Recuerdo, eso sí, que pasé parte de la mañana en la playa semidesértica de Ondarreta. Porque era entonces la playa del Cuerpo Diplomático. El impacto allí era más visible y no por ninguna presencia, sino por la ausencia de algunos habituales que la noticia llegada a primeras horas de la mañana comunicando la entrada al alba de las tropas germánicas en Polonia, había retenido en sus mesas de trabajo”.

         En todo caso, destacaba Carlos Sentís la falta de conciencia ni de los ciudadanos, ni de los políticos de que aquella invasión abriría la guerra de mayores proporciones de la historia. Como presentimiento del terror venidero, sólo guarda Sentís el rostro difuminado de una mujer rubia llorando en Ondarreta. “Y precisamente aquella misma mañana, de euforia alemana, de `Deustchland uber alles´, vio llorar, dismulándose tras un toldo, una rubia alemana. Es la única imagen clara y definida que conservo de aquel día.

 RECUERDOS DE ANA MARÍA GANUZA

             Un recuerdo muy concreto fue ver un desfile de tropas alemanas por calles de San Sebastián. No recuerdo la fecha. Acabábamos de vivir nuestra guerra civil y nadie quería saber más de guerras. No nos habíamos repuesto. Nadie. Ni vencedores ni vencidos. Franco y Hitler habían mantenido una entrevista en Hendaya y respiramos con alivio cuando comprobamos que España quedaba fuera de la confrontación mundial.

No esperábamos ver aquel desfile por nuestras propias calles. Yo estaba en la mercería Bidaurre, cerca de la joyería  Astráin,  Carmen Lanz, Mendivil… un espacio pacífico y muy conocido.. . En esto oímos una música militar. Todos salimos y nos quedamos horrorizados. Divisiones alemanas, por la Avenida, música y soldados con  gesto de triunfo y  paso militar nazi.

Recorrieron la Avenida, Easo, Urbieta…

Nos quedamos mirándonos horrorizados. No sé el motivo ni quién intervino, pero no volvieron a pasar. Fue como una amenaza y nos tocó verlo. Se hizo un silencio de verdadera angustia.

 Desde España no podíamos entrar en Francia, ocupada por alemanes. Mis primas que al terminar la guerra de España tuvieron que marchar a Francia andaban muy mal de alimentos.

Mi cuñada Ginette me propuso,  “si vamos a la frontera, ellas se pueden acercar y les podemos llevar algo”.  Acepté y  se me ocurrió que viniera a ayudarnos Matilde, una chica joven que trabajaba en mi casa.  Entre las tres llevamos lo que pudimos, también nosotros andábamos muy  escasos, en plena posguerra.  Matilde discutía con los alemanes  para que nos dejaran paso y la tuvimos que frenar porque aquello era peligroso.  En la frontera estaba mi prima Carmencho con uno de los Muñoa.  No era cuestión de dinero. Los alemanes se habían llevado todo y  no había alimentos; estaban muertos de hambre. Parece mentira que se haya podido vivir todo esto.

En la hemeroteca del ABC, esta crónica del 20-X-1940 puede ser la explicación del desfile que vio mi madre de las tropas alemanas por calles de San Sebastián. La población civil ignoraba la cercanía alemana.

ABC-20.10.1940-pagina 007

GUERRA DEL 14, guerra de mi infancia

Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia
Pacífico paisaje de Chillida-Leku. Foto de mi sobrina Amaia

La primera guerra mundial -la grand guèrre- se declaró el 28 de julio de 1914 y duró hasta el 11 de noviembre de 1918. Cuando estalló tenía yo ocho años. Suficientes para observar y darme cuenta, por eso puedo contar ahora mis recuerdos infantiles, en los que tantas cosas se mezclan.

 España no entró en el conflicto, pero aunque no lo sufriéramos en primera persona, lo seguíamos intensamente. Aprendí el horror de la guerra, sin sufrirla y participé en victoras y derrotas.

 Poco antes de estallar la guerra se rompió una pieza del ascensor de mi casa; estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Todavía había muy pocos ascensores en San Sebastián y tenía un  motor de agua, que daba la energía para poder subir estirando con una cuerda. La capacidad era de cuatro personas y subía muy lento haciendo un ruido muy característico, “ta-ta”.  Aquel motor un día se estropeó y estuvo a punto de ocurrir una catástrofe porque se vino abajo. Decidieron cambiarlo por uno electrico pero, por ser de importación, hubo que pedirlo a Alemania. Llegó a Hendaya justo cuando estalló la guerra, se cerraron las fronteras y quedó retenido. Estuvimos sin ascensor todos los años que duró la guerra. La gran sorpresa fue que al día siguiente de firmarse el armisticio lo trajeron.

Es un detalle indicativo de la paralización que supone una guerra. España no entró en el conflicto, pero la influencia en la opinión pública, en las conversaciones familiares nos hacía a los niños testigos de aquello tremendo que estaba pasando y escuchábamos la disparidad de opiniones entre unos y otros, hasta que nosotros mismos forjábamos nuestra opinión personal, de acuerdo con las imágenes que revoloteaban en nuestra imaginación.

En san Sebastián las noticias se daban en un pequeño telegrama que aparecía junto a la sede del Diario Vasco, en la calle Garibay. Desde 1912 se instaló en el mismo edificio el salón de Cine Novedades, muy popular en la ciudad y empezamos a hablar del “Telegrama del Novedades”. No había otra manera de comunicar noticias rápidas. Aparecía un telegrama escueto y todo el mundo se agolpaba a leer. La mayor parte de las noticias eran muy trágicas. Cuando veíamos gente por aquella zona corríamos: “¿Ha ocurrido algo…?”

Así recibimos la noticia de que había estallado la guerra europea, sin más detalles. Luego, a última hora de la tarde había chiquillos a los que pagarían unos 10 cts. que corrían por la calle: “El telégrama, el telégrama, el telégrama (se decía con acento) de hoy: “Las tropas alemanas avanzan a Bélgica”… “Va salir el cañón del 42”. Un cañón que también se llamó La gran Berta.

No sé si he hablado de Mademoiselle Lucie Biarrot, una francesa jovencita que, además de enseñarme un maravilloso francés, era mi constante compañía. A ella le debo mi tendencia francófila que he conservado toda la vida. También jugó un papel importante mi madrina, tía Anita, que junto a su identidad vasca, bien definida, admiraba todo lo que fuera francés y convertía el conflicto con su imaginación desbordante en una aventura fantástica.

 Cuando se declaró la guerra, mi padre habló con los padres de Mlle. Lucie por si querían que volviera a Francia. Decidieron que estaba mejor en España. Efectivamente fue la mejor decisión, pero se comprende su tremenda inquietud por los acontecimientos. San Sebastián se llenó de jóvenes francesas que huían de su país y trabajaban con familias. Con bastante frecuencia se reunían en casa del Consul francés que les daba noticias, les animaba y siempre terminaban cantando un himno a Santa Juana de Arco que yo aprendí y todavía lo puedo cantar: “Vive Jeanne, vive la France” La mujer del Consul nos regalaba un galleta a cadaniño. Eran malísimas, pero, nos parecían una maravilla, las mejores.

 En el Paseo de la Concha, bajo los tamarindos, tenían costumbre de pasear los hombres. Se sentaban y con sus bastones -todos lo llevaban- hacían el proyecto de la guerra, según les iban llegando noticias: los alemanes avanzan por aquí y los franceses… Estaba La Concha llena de proyectos de guerra.

 Rezábamos, como he dejado escrito en un relato anterior, por el fin de la guerra. Vivíamos intensamente el clima mundial.  ¡Cuánto hemos rezado en el siglo XX por la paz!

 Anteriormente –en la Guerra Franco-Prusiana- los alemanes se habían hecho con Alsacia y Lorena. Terminó aquella guerra y vino la Bèlle époque…. con un magnífico resurgimiento de la cultura y el arte. En Francia se desarrolló un fuerte sentimiento patriótico; cantaban en francés:

Nos habréis cogido Alsacia y Lorena

pero a pesar de todo seguiremos siendo franceses

habréis podido germanizar la tierra

pero nuestro corazón no lo habéis germinazado nunca.

Durante la guerra recuerdo a Poincaré como Jefe de gobierno. Admiré a Petain, que tenía que haber terminado allí su brillante carrera militar, ¡¡vencedor en Verdun!!, sin involucrarse en la segunda guerra mundial donde perdió un prestigio justamente ganado.

En un libro que yo he leído muchas veces “Le gens de Mogador”, escrito por Elisabeth Barbier,  se describe esa época. Son varios volúmenes, parecidos a las series televisivas de ahora. Cada volumen lleva un nombre de mujer: Julie: describe la guerra franco-prusiana; Ludivine, la guerra del 14. Dominique en la época de la guerra civil española.

Con la Primera Guerra Mundial se introdujo la mujer en el campo del trabajo. En Francia conducían los tranvías y los pequeños carruajes que había entonces. Trabajaban en las fábricas. Y con eso vino la gran revolución en la moda. Las faldas que se llevaban hasta el suelo se acortaron mucho. Y hasta hubo intento de introducir el pantalón, pero aquello no prosperó. En Francia empezaron a llevar lo que llamaban juppe/culotte (falda pantalón). Pero el pantalón no prosperó hasta muy avanzada la segunda guerra. La moda cambió del todo. Recuerdo a mis hermanas con las faldas hasta el suelo; eso desapareció. Incluso la forma del cuerpo: se puso de moda la gente estilizada. Del antiguo estilo tipo Rubens pasamos, a partir de la guerra del 14, a la moda de la esbeltez. Por ejemplo en la película “Lo que el viento se llevó” aparece Scarlate con una negra poniéndole un corsé para hacerle la forma que gustaba antes. Todo cambió en la guerra del 14.