Reina Cristina en el recuerdo

Nunca lo dijo, pero esta foto será del día que representó "Chiquita y bonita"
Nunca lo dijo, pero esta foto será del día que representó “Chiquita y bonita”

Ya he hablado de ella en otras páginas del blog. Fue Reina Regente, a la muerte de Alfonso XII, esperando que el hijo póstumo del matrimonio, Alfonso XIII, llegara a la mayoría de edad.
Era austríaca. Un gran contraste con la “sevillanía” de la primera mujer de Alfonso XII: la popular María de las Mercedes.
Sin embargo, Mª Cristina ejerció la difícil tarea de reinar en España con inteligencia. Para nosotros, los donostiarras, fue en especial nuestra Reina porque congenió con la ciudad y la hizo suya.
Después de esta breve presentación relato dos anécdotas personales.
Desde pequeña me ha gustado el teatro y he tenido cualidades para las representaciones. En el colegio destaqué y esta habilidad me hizo tener cierto prestigio entre mis compañeras.
En San Sebastián participé en representaciones que organizaban las Catequistas. Tendría alrededor de 18 años y, en una ocasión recité el monólogo “Chiquita y bonita” de los hermanos Álvarez Quintero en el Teatro Victoria Eugenia. Asistió la Reina Cristina que estaba siempre atenta a las actividades de instituciones benéficas. Es una secuencia bastante larga y lo hice con gracia porque gustó. Dicen que los hermanos Alvarez Quintero representan el alma andaluza. Yo ahora que termino mi vida en Andalucía pienso que no. El fondo del alma andaluza es mucho más profundo de lo que se piensa. Aquí y a mis años he tenido conversaciones llenas de hondura con gentes de esta tierra.
Mi afición por el teatro no llegó más lejos. A mí me hubiera gustado estudiar en la Escuela de Artes y Oficios, pero en aquella época, en mi ambiente, no parecía adecuado. Sin embargo tuve el honor de actuar ante la Reina de España y en uno de los Teatros más bonitos. Esto gusta mucho a los 18 años.

Mi otro recuerdo está relacionado con la Cruz Roja donde yo cursé estudios de enfermería. Había cinco monjas, que a la altura de mis años -ya estoy en plena década noventa- recuerdo muy bien: Sor Pilar, Sor Naty, Sor Dionisia, Sor Mercedes y Sor Juana. La primera -Sor Pilar-era la superiora. Los estudios consistían en dos años de teoría y después un número grande de prácticas, que teníamos que firmar cada día. Primero prácticas generales y luego, especialidad. Yo elegí ojos y oído -parece mentira porque es lo que más me falla ahora-, mis médicos fueron Marticorena y Castañeda. Los recuerdo como grandes profesionales y grandes personas. Una vez terminados los estudias acudías a la Cruz Roja, pero ya en calidad de enfermera. Yo estuve entre los años 26 al 30.
Como el Palacio de Miramar, donde vivía la Reina, estaba al lado de la Cruz Roja, la veíamos con mucha frecuencia. Durante un tiempo hicieron obras en el edificio y se le veía hablar con los obreros. Cuando paraban el trabajo para tomar algo – lo que allí se llama hamaiketako- ella decía: “¿hamaiketako?, yo también”. Y bebía un vaso de vino con ellos. Como se ve no tenía el carácter tan serio como se le atribuye.
También estaba pendiente de las que estudiábamos allí. La imposición de brazalete y la entrega de Título se hacía en el Palacio de Miramar y lo entregaba la Reina. Después nos invitaba a merendar te con pastas que era lo que tomaba ella todos los días. Este es mi otro recuerdo de la Reina Madre.
Y ya que estoy hablando de ella puedo añadir otros recuerdos que no son personales, pero dan la talla de esta gran mujer.
Cuando tuvo la primera entrevista con el Rey Alfonso XII para concertar el matrimonio, él la recibió con una gran retrato de la Reina Mercedes y ella le dijo: “Admito la entrevista con su Alteza, delante de esta persona a la que admiro mucho y comprendo el sentimiento de su Majestad”. Su hija mayor se llamó Mercedes. Era una mujer inteligente y buena.
Una vez casado su hijo, con Victoria Eugenia, inglesa, la acogió con cariño. Y las dos fueron capaces de convivir durante la guerra del  14. Inglesa y austríaca superaron los antagonismos de sus patrias y familias, tan queridas para ambas.
Fue duelo para San Sebastián la muerte de la Reina Madre Cristina. Murió en Madrid el 6 de febrero de 1929. Los donostiarras pensábamos que a ella le hubiera gustado estar con nosotros, atendida por Sor Pilar, a la que tanto quería. Nos dejó un recuerdo que dio carácter a la ciudad. Sigue recordada en el Hotel María Cristina, el puente del mismo nombre, el Palacio de Miramar y su hacer como Alcaldesa honoraria desde 1926.

Un acomodador y un grumete…

Nacimiento

         Escribo en plena Navidad. Esencialmente celebramos que el mismo Hijo de Dios en un lugar y en una fecha concretas, entró en nuestras coordenadas humanas de espacio y tiempo y asumió nuestra pobreza.

El Evangelio nos cuenta de forma breve: “… dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre porque no había lugar para ellos en el mesón”. (San Lucas 2,7).

Así fue el acontecimiento. De ahí que la Doctrina Social de la Iglesia no sea un suplemento añadido a la fe, sino que emerge de ella. Es enseñanza de siempre de la Iglesia Católica que en los últimos siglos ha cristalizado en documentos ricos en sustancia, pero tal vez desconocidos por lo menos para lo que llamamos gran público o el “público de los medios”.

Yo tengo un recuerdo infantil que entra de lleno en mis Memorias Donostiarras, con auténtica veracidad, valga la redundancia.

Con frecuencia oía decir a mi madre: “voy a la Conferencia”… “vengo de la Conferencia”.

Para mí esa palabra tenía un significado inconcreto, pero relacionado con un ambiente de pobreza. Mi madre no solía contar más cosas…  La conferencia era para mí algo que llegó a ser habitual, aunque no alcanzaba su significado.

Más tarde he sabido que se trataba de las Conferencias de San Vicente. Una organización católica con  identidad definida: laical y dirigida a remediar necesidades sociales apremiantes. Fundada en París por un grupo de estudiantes, entre ellos destacó Antonio Federico Ozanam que llegó a ser profesor de la Sorbona, casado y padre de familia fue beatificado por Juan Pablo II, el 22 de agosto de 1997,  en la Catedral de Notre Dame dentro de los actos de la Jornada mundial de la Juventud que se celebró en París. En su homilía dijo el Papa que él mismo siendo estudiante había formado parte de las Conferencias en su tierra polaca.

En España las Conferencias de San Vicente entraron por medio  del músico Santiago Masarnou. Se extendieron con rapidez. Estoy hablando del siglo XIX, pero actualmente están en todas las Autonomías.

Conferencias se llaman a los grupos de oración y trabajo. Se agrupan un buen número de personas que ahora llamamos “voluntarios de ONG”. Entonces no existían en la vida civil, pero en la Iglesia era una realidad muy extendida. En concreto las Conferencias de San Vicente paliaban la pobreza de los más necesitados en un clima de cercanía familiar.

Mi madre era una de esas “voluntarias”, decididas, que con una buena dosis de generosidad daba su tiempo para atender las necesidades ajenas, aunque en  aquel momento la mayoría de la gente que participaba tenía lo justo para vivir dignamente y apenas se utlizaba la palabra “consumo” porque consumíamos lo mínimo.

Con el tiempo mi madre me ilustró lo que eran aquellas Conferencias de San Vicente con dos relatos pintorescos.

Visitaban a familias en situaciones difíciles ayudándoles a resolver algún problema. Las relaciones sociales de mi madre en San Sebastián eran muy extensas y le servían para estas tareas. Iban siempre dos personas. Mi madre con su amiga Loren Oyarbide. Le dejo contar a ella:

-Un padre de familia nos contó sus problemas económicos. Tenía un trabajo reducido, pero  con derecho a vivienda. “Necesitaría algo por las tardes. Esto no lo puedo dejar porque me dan casa. Por ejemplo me vendría muy bien ser acomodador de cine…”

Loren y yo nos reíamos al volver pensando en nuestras posibilidades para ese trabajo. Pero a los pocos días, una amiga me dice: “¿sabes se abre un cine nuevo cerca de tu casa. Se va a llamar “Actualidades”.  Y Asunción -otra amiga común- está al frente de elección de personal”.

No me lo podía creer.  Hablé con Asun:

-Tengo un acomodador  para el cine…

-Sí, ¡pero me viene tanta gente..!

A los pocos días me llama:

-He dejado ese puesto en blanco y lo he reservado para el que tú conoces.

Me eché a la calle a la mayor velocidad. No era día de Conferencias, pero me salté las reglas habituales. Llegué a la casa y le di mi tarjeta para que fuera a la entrevista: “Por favor, muy bien arreglado, tienes que dar muy buena impresión… Y ofrécete para todo lo que te pidan: electricidad, calefacción… lo que haga falta.  Luego me dices el resultado”

Al poco tiempo me llama eufórico:

-Señora, no lo puedo creer, me han dicho que vaya mañana a tomarme medida para los uniformes.

Igual de sorprendida se quedó Loren cuando le conté mi aventura. Allí estuvo el acomodador el resto de su vida laboral. Del cine “Actualidades” pasó al “Novelty” Con toda su alma nos buscaba sitio con su linterna a los de la familia.

Otro caso fue un chico que la familia no hacía carrera con él… No era malo, pero sólo le gustaba el mar… el mar.  Iba al Puerto de  Pasajes a pintar barcos. Era su ambiente.

Se me ocurrió decirle a su madre. “¿A su hijo no le gustaría ser grumete?”.  Salían barcos a la pesca del bacalao a Islandia. Una vida dura, pero buena para chicos jóvenes. Ganaban su jornal y se acostumbraban a la disciplina del trabajo. La madre no veía posible conseguirlo.

Llamé al marido de una amiga,  Perico Espada, que trabajaba en negocios de pesca. Siempre me ha dado más resultado acudir en directo a los hombres para pedir favores.

Me dijo honradamente : “Yo de eso no me ocupo, pero voy hablar con el jefe de personal”. Todo salió bien. Pues, ¡qué se fue  el chico por el bacalao de grumete! Estaba feliz.  Después de grumete pasó a ser marino. No supe más de él.  En su casa estaban agradecidos y descansadísimos.

Fui muchos años a la Conferencia. No todo era dar, se aprendían muchas cosas y, sobre todo, tenías posibilidad de abrir horizontes.

¡Cuántos relatos se podrán contar de las Conferencias de San Vicente! Una continua Navidad de amar con obras.