De nuevo Willy Koch: Paloma

.Mi fotografia, de Willy Koch: rubia entonces, gordita entonces, sonriente entonces... y ahora también, gracias a Dios.
Mi fotografia, de Willy Koch: rubia entonces, gordita entonces, sonriente entonces… y ahora también, gracias a Dios.

Paloma Mansfield ha conectado con memorias donostiarras desde California. Ella también guarda unas bellas memorias de esta tierra. Agradezco de corazón sus comentarios que, por ser personales, están llenos de viveza y cercanía.

Le he pedido colaboración y me ha enviado una foto del ya nombrado varias veces en este blog: ¡Willy Koch! El fotógrafo alemán/donostiarra. Hago aquí un enlace que da a conocer algo de esta saga familiar de fotógrafos. En 2010 hubo una exposición en Donosti, ¡lástima no haberlo sabido! Yo hubiera ido a verla.

Paloma residía en Aretxabaleta, Desde allí se acercaba a San Sebastián dónde vivían tíos y primos; de esas estancias  guarda unas vivencias impregnadas de olor y sabor  marino. Cito algunos de sus comentarios:

“¡Qué bonito lo que dices del Cantábrico cantando su rumor! Parece que lo oigo. Y el olorcito a yodo. Algo que me extrañó mucho al llegar a California fue el no percibir ese aroma de mar que cuando ibas por Lasarte ya te impregnaba”.

 Yo recuerdo las sardinas a la parrilla…¡Cómo me gustaría comerlas otra vez! Sí, era una visita obligada aquello de ir al puerto y lo de obligada no es buena expresión… era no querer dejar de hacerla”.

Es bonito compartir y no olvidar lo bueno que trae la vida. Porque el fondo es todo un entramado familiar con su propio olor y sabor, inconfundible. De una forma divertida lo expresa Paloma:

Estoy convencida de que ser feliz de joven es como la joroba de los dromedarios, que sostiene y surte de fortaleza para las “lides” que esperan más tarde en la vida…”

¡Gracias Paloma!

La familia: tronco multiplicado

Otra foto realizada por  Willy Koch, el fotógrafo alemán afincado en San Sebastián. Ya he hablado de él anteriormente.

Recuerdo que cuando entramos en el estudio, me dijo: “Tú siéntate como quieras”. Y luego él mismo fue colocando a los demás. Yo estoy al lado de mi madre, muy en función de ser “la pequeña”. En primer plano Miguel, también en función de “el mayor”.

Es un retrato “de época”, una foto centenaria.

Como detalle curioso contaré que la ropa que llevamos las cinco hermanas, la confeccionaron las tres mayores. Hubieran podido montar un taller de gran fama. Pero entonces no se concebía: “¡¡Mujeres trabajando!!”.

La falda de mi hermana Isabel iba al biés y tenía mucho vuelo. El de mi hermana Josefina era de tafetán rosa, mezclado con gris y en la parte de abajo llevaba volantes. El mío era azul pálido con lazos en tonos castaños, ¡precioso!.

Se organizaban muy bien las tres: María cortaba, Isabel cosía, Josefina hacía los remates. Recuerdo que también hacían ornamentos y que en una ocasión los enviaron al Papa. María dirigió todo el trabajo.

El talento de mis hermanas era especial, porque posteriormente María estudió Ciencias Exactas, algo muy poco común en las mujeres de su tiempo. Isabel hizo la carrera de Filosofía y Letras. Mercedes, no tenía título universitario, pero se reveló como una economista capaz de ejercer en  las altas finanzas porque le tocó gestionar negocios de envergadura incluso siendo ya muy mayor.

Sin embargo a la que, desde pequeña, quise más fue a Josefina:  unía bondad, inteligencia, saber tratar con toda clase de gente:  lo mismo la de clase social alta, como la humilde e ignorante. Su sentido del humor tenía una chispa especial.

¿Y qué voy a decir de mis dos hermanos? Miguel siempre en su puesto, como hijo, como hermano, como gobernante… porque tuvo cargos en puestos claves. Antonio,  con su carácter alegre y jovial, muy inteligente y de gran fantasía. Tenía ingenio y cuando se comercializó la radio, aprendió a confeccionar aparatos y montó un negocio con otro compañero. En mi casa conservo la radio que me regaló por mi boda; es un mueble precioso que ahora podría estar en un museo. Para mí fue siempre el más cercano por ser los dos pequeños de la familia.

La familia, ¡qué importante es ese primer tronco! Un tronco ahora muy, muy multiplicado.

Historia de una foto: Willy Koch

 

Recuerdo a dos fotógrafos famosos: Resines y Willy Koch. Había cierta competencia, también ideológica, porque Rasines era francófilo y Willy Koch de origen alemán. Hay que tener en cuenta que estábamos en plena “Grand Guêrre”. Aunque España no entró, sí que había entre  la gente de a pie disparidad de opiniones entre los dos bandos. Yo, aunque era pequeña, me inclinaba más por todo lo francés, sin embargo en mi familia había cierta tendencia germanólica. Recuerdo a mi padre escuchando la música de Wagner…

          Las mejores fotos familiares son de Willy Koch. Recuerdo que cuando tenía diez años fui con mi prima Malencho para hacernos unas fotos. El fotógrafo me miró y me dijo:

-Siéntate ahí

Me senté

Gritó: ¡¡No te muevas!!

Después me dio una revista y me dijo siéntate como si fueras a leer. Y yo me senté puse una pierna debajo de otra: 

-¡¡No te muevas!! Eres tan fotogénica..

         La segunda foto no se conserva. Pero la pimera estuvo expuesta alrededor de  un año en la vitrina de  de la Avenida. Al principio me hizo ilusión. Pero luego me daba rabia pasar por delante y hasta cruzaba de acera para no verme.

         Al cabo de un tiempo mi madre fue a por una copia. Pero él le dijo que iba a cambiar el escaparate y le regalaba la foto original. Ella quiso pagársela, pero él le dijo:

-Por esta foto he recibido tal cantidad de felicitaciones que le tengo que dar las gracias.

         Había un letrero que decía: “Se reciben donativos para huérfanos de guerra” y mi madre comentó:  “Pues voy a dar”.

-Eso sí, señora.

Willy Koch me había hecho ya  las fotos de la Primera Comunión.   Me acompañaron al estudio fotográfico mi madre y mi hermano Antonio  y aprovechamos para hacernos los tres una foto. Yo me cambié de ropa allí mismo y estoy con  vestido de calle. Hace relativamente poco, coincidió un año en que mis bisnietos Pablo y Ainhoa tenían la misma edad que Antonio y yo en esa foto. Y la tuve en mi mesa todo ese año. Después se la di a mi hija Malén, abuela de los niños

          Cuando yo tenía once años, nos hicimos una foto toda la familia. Willy Koch me utilizaba de referencia porque cuando llegamos me dijo:

         -Tú aquí, en esta silla. Sientate como quieras…

         Y después alrededor fue él mismo colocando a toda la familia.

En mi opinión mi foto de los diez años es  buena, pero no estuvo inspirado. Yo hubiera  estado más mona sin capota, con tirabuzones,  más personal…

Tanto el traje como la capota estaban confeccionados por mis hermanas. La   capota fue obra de Isabel, que copió un modelo de la época con  adorno de cerezas, que le daba un colorido que entonces no captaban las fotos.